Crítica: Los abrazos rotos

Título original: Los abrazos rotos
Director: Pedro Almodóvar
Género: drama
Duración: 130 minutos
Fecha de estreno en España: 18 de marzo
Intérpretes: Lluís Homar, Penélope Cruz, Blanca Portillo, José Luís Gómez, Tamar Novas, Rubén Ochandiano, Carmen Machi, Ángela Molina
Trailer: Los abrazos rotos
¿Debo ir a verla? 



Es una película imperfecta y excesiva, pero también es la demostración definitiva de que estamos ante el mejor director de cine que ha dado este país junto con Buñuel.
Cada estreno de Pedro Almodóvar levanta una polvareda que siempre va más allá de lo estrictamente cinematográfico. Tal vez por su peculiar personalidad o porque es un maestro del discutible arte del marketing, en este país las películas de Almodóvar no se miran como las demás, sino que se analizan minuciosamente y con una actitud crítica poco habitual. Además, el status de maestro del cine mundial que ha alcanzado el director manchego es un acicate para los descreídos y causa de envidia para los que nos dedicamos a un oficio tan mediocre como el de destrozar el trabajo de otros. Yo personalmente preferiría olvidar todo este contexto extracinematográfico de cara al análisis de Los abrazos rotos, aunque sea sumamente difícil.
Y es que parte de ese acercamiento a las artes publicitarias emborrona una película como esta. Las apariciones especiales y cameos (que no cumplen ninguna función artística) distraen al espectador del núcleo de la narración. Además, el nivel interpretativo de estos papeles de reparto no consigue igualarse al de los principales y esto provoca que ciertas escenas chirríen en el conjunto. Si a esto le sumamos ciertos detalles descuidados como la ridícula caracterización de Rubén Ochandiano o el excesivo andamiaje que hay en el guión para sustentar una historia potente pero en realidad sencilla, las sensaciones hacia la película están lejos del disfrute pleno. La presencia de escenas innecesarias (por ejemplo las que protagoniza Tamar Novas en una discoteca) deriva en una trama centrífuga hasta la que es difícil acercarse más allá de lo meramente superficial.

