Showgirls: el imperio de la carne

Showgirls de Paul Verhoeven oficialmente está considerada como la peor película de la década de los 90. Todo el mundo le achaca su inexistente guión, sus ridículos diálogos, las interpretaciones penosas, y muy especialmente, el constante exceso de sexo gratuito. Pero no solamente el vapuleo de la crítica fue unánime, sino que el público en general no se sintió atraído a pasar por taquilla para ver esta película-escándalo ideada por el holandés Verhoeven y su guionista, el húngaro Joe Eszterhas, dos mentes europeas que disfrutaban de lo lindo poniendo en entredicho los valores y tabúes morales de unos hipócritas Estados Unidos.
Y digo hipócritas porque, si bien el film fue un fracaso de taquilla, las ventas en vídeo hicieron de ‘Showgirls’ una de las películas más rentables del ahora maltrecho estudio MGM. Los contínuos pases nocturnos de fin de semana en los típicos cines frikis de EEUU han convertido a esta película en una auténtica cult-movie, que ha merecido en EEUU ediciones especiales en DVD con unos cubrepezones como regalo. Incluso en nuestro país, hemos recibido una edición especial propia en DVD hace apenas unos días. Y aquí llega la gran pregunta: si ‘Showgirls’ es tan mala, ¿por qué hay tanta gente que sigue queriendo tenerla en su casa y/o verla en el cine?
