Crítica: Tiburón

Últimamente estoy repasando películas antiguas y pensaréis, “éste no tiene tiempo para ir al cine”. El cine de hoy no tiene sentido si no conocemos el cine de ayer y Tiburón (1975), al igual que Los Goonies (1985), es otra muestra de que el cine no lo hemos inventado nosotros. Steven Spielberg consiguió con Tiburón que el mar nos diera realmente miedo, que competir con un amigo a ver quién tocaba la boya roja del fondo del mar fuera misión imposible y que jugar con el agua en la orillita no fuera un juego sólo de niños.
Pero pensar en esta cinta y no hacerlo del jefe de policía Brody, personaje interpretado por el difunto Roy Scheider (falleció el 10 de febrero de 2008), es un sacrilegio. El sheriff de Amity, localidad en la que se desarrolla el film, supo entrar en nuestros corazones desde el primer minuto de Tiburón. Precavido pero atrevido, sensato pero locuaz, Scheider enseñó al mundo entero cómo se interpretaba un personaje. Corría el año 1975 y Spielberg pretendía mostrar la historia de un tiburón blanco, un gran escualo que aterrorizara toda una población y vaya si lo hizo. Aterrorizo a todo el globo.

