Crítica: Albert Nobbs
Título: Albert Nobbs
Director: Rodrigo García
Género: drama
Duración: 136 minutos
Fecha de estreno: 27 de enero de 2011
Intérpretes: Glenn Close, Janet McTeer, Mia Wasikowska, Jonathan Rhys Meyers, Brendan Gleeson.
Albert Nobbs, tráiler español
¿Debo ir a verla? 



Correcto y un tanto frío al servicio de Glenn Close.
Como el cine de Pedro Almodóvar o George Cuckor, las películas de Rodrigo García demuestran una evidente comprensión del universo femenino. Así lo ponen de manifiesto cintas como Cosas que diría con solo mirarla, Nueve vidas o Madres & hijas, entre otras. Ahora, como un particular encargo de la actriz Glenn Close, el director colombiano afincado en Estados Unidos vuelve a introducirse en el mundo de las mujeres, aunque aquí algunas de ellas se disfracen de hombres para poder sobrevivir o intentar vivir una vida acorde a su sexualidad.
Albert Nobbs sigue los pasos de un peculiar trabajador de un hotel de Dublín durante el siglo XIX. Apocado y silencioso, este individuo oculta un secreto: es una mujer. Su existencia transcurre tranquila hasta que conoce a un pintor que esconde el mismo secreto que él. No obstante, este amigo ha conseguido algo que Nobbs tiene pendiente: casarse. A partir de ese momento, el mayordomo intentará ganarse el amor de una de las camareras que trabaja con él y comprar un local para establecerse como tendero.



Continúan las aventuras románticas de Edward y Bella Swann, y el triángulo amoroso que se forma con el Jacob, el amable hombre lobo. Los tres jóvenes y sus clanes deben enfrentarse a todo un ejército de vampiros neófitos sedientos de sangre, que se quieren cobrar la cabeza de la joven como venganza por la muerte del amante de la villana, interpretada esta vez por una ausente Bryce Dallas Howard. David Slade dirige el tinglado y hace lo que puede con el asunto, que no es poco dada la naturaleza de la ficción urdida por la autora Stephenie Meyer, que no destaca por su pasión romántica ni por el espectáculo de alto voltaje, precisamente. No obstante, es el revulsivo que la amuermada taquilla necesita, así que por lo menos por eso, bienvenida sea.
Sobrio y honesto drama producido por Iñárritu y dirigido por Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez y autor de la olvidada ‘Passengers’. Tres historias cruzadas que tienen mucho en común, unidas por nexo temático de la relación entre madres e hijas que se señala en el título. Un drama adulto y honesto que destaca por encima de propuestas mucho más adolescentes y comerciales, pero igualmente poco festivas, como la saga apuntada más arriba. Todo aparece revestido de intensidad y buenas actuaciones (atención a la curiosa pareja formada por Naomi Watts y Samuel L. Jackson, aunque sobre todo, a Annette Bening) en un film que ha pasado sin pena de gloria por la cartelera de EEUU, de forma harto inmerecida.
Un grupo de actores ensimismados pretenden rodar la película bélica más cara de la historia. Después de que los excesivos gastos (y los descontrolados egos de los mimados actores) amenacen con acabar con la película, el frustrado director se niega a parar el rodaje y lleva a su reparto a las profundidades de las selvas del Sudeste de Asia para “aumentar el realismo”; allí, se encuentran por casualidad con unos guerrilleros de verdad.
Es la historia de Isa, una atracadora, ácida y generosa, incapaz de adaptarse a la vida fuera de la cárcel. Y de su grupo de amigas: Dolores, una gitana rubia que ha matado al marido; Rosa, una frágil y tierna prostituta; Ajo, una chica enamorada de Pilar que vivirá su amor hasta el límite de lo soportable; Luisa, una cándida colombiana sorprendida por un entorno que no comprende… La llegada de Mar, una funcionaria de prisiones que no se adapta a las normas de la institución, supondrá para esas mujeres el inicio de un vuelo hacia la libertad. Con la ayuda de Adela, la directora de la prisión, crearán Módulo 4, el grupo de teatro que las llenará de fuerza para encarar el “mal bajío” con el que llegaron al mundo.

