Escrito el Martes, 2 de Septiembre de 2008 a las 6:00 pm en Críticas | autor: Iban Manzano
Título original: Magnolia
Directores: Paul Thomas Anderson
Guión: Paul Thomas Anderson
Género: Drama
Duración: 188 minutos
Año: 1999
Intérpretes: Julianne Moore, Tom Cruise, William H. Macy, Philip Seymour Hoffman, John C. Reilly, Luis Guzmán.
Canciones: Jon Brion. Canciones, Aimee Mann
No debe ser contemplado como dato menor que una película como Magnolia tenga en uno de sus personajes medulares a un ex sabelotodo, cuya réplica de trivial ante cualquier cuestión le aleje paradójicamente de la respuesta para la felicidad; en el fondo Paul Thomas Anderson sería exactamente eso, un niño prodigio que postula con insólita clarividencia una formulación sobre la disfuncional –dolorosa, por tanto- manera en la que asumimos el amor, pero que es incapaz a su vez de darnos la solución correcta. Una cuestión que es condesada desgarradoramente por el personaje de Julianne Moore cuando clama, tras visitar a su octogenario marido colocado a un paso de la muerte, que mientras él quiere pastillas, ella lo que necesita son respuestas. Todos los personajes de Magnolia están marcados por ese mismo síntoma, son pétalos múltiples pero únicos de una flor de inabarcable, venenosa y tormentosa belleza.
Podría considerarse que esta Magnolia es la enunciación postmoderna del Vidas cruzadas de Robert Altman, la comparación es simplista, pero no menor: de la misma manera que Altman engarzaba múltiples historias para que luego la fuerza de una tempestad las sacudiera y recolocara según azaroso capricho de una fuerza casi divina, Anderson recurre aquí a un imaginario similar, aunque mucho más alucinado, una lluvia de ranas que irrumpe cual tormenta de San Francisco sobre los protagonistas en el punto álgido de su noche. Quizás haya que entender esta plaga bíblica más allá de su naturaleza insólita, como un lógico trasvase entre la microépica de las pequeñas historias y la macroépica. 2 variantes en el fondo del mismo relato, diferenciadas tan sólo por un tema de óptica.
En esa actividad que muchas revistas de cine establecen como habitual, la de confeccionar listas de las mejores películas de cada género, uno siempre acaba con la impresión de que siempre hay gente que sabe más de casi todo. Decía Homer Simpson “sé muy poco de casi nada”. La verdad es que uno, personalmente, considera que el tema de las listas es tan sumamente personal como la ropa interior, y además es -o debería ser- tan azaroso, casual o fortuíto que hay que coger el tema con pinzas.
Aquí va, de todas formas, la lista de las mejores 100 películas de la historia confeccionada para la ocasión por Times Online. Algunas ausencias memorables, elecciones discutibles y sorpresas que oscilan entre lo grato y lo directamente sorprendente (¿‘Pozos de ambición’?). Abajo van las diez primeras, pinchad para ver la lista completa.
Pozos de ambición, el último film escrito y dirigido por Paul Thomas Anderson, inaugurará la Berlinale el próximo mes de febrero, coronando así una trayectoria de premios (las asociaciones de críticos de Nueva York y Los Angeles la otorgaron casi todos, estando profusamente nominada en gran categoría de certámenes) que sólo puede verse ya superada con otros tantos Globos de Oro -dos nominaciones-, y quien sabe, unos cuantos Oscar.
El título español -traducción mucho menos estimulante que el original There will be blood- está basada en la novela de Upton Sinclair Oil!, y cuenta la historia de Daniel Plainview (Day-Lewis), un prospector petrolífero que en la Texas de principios del siglo pasado ve como su cuenta corriente va aumentando a medida que lo hacen sus problemas y su avaricia: su hijo, de fuertes convicciones socialistas y un nuevo predicador en el pueblo que se opondrán a su actividad e ideología.