CrÃtica: El incidente (II)

En la reciente Wall-E, Andrew Stanton ilustraba una distopia futurista según la cual la humanidad literalmente se había convertido en la suma de infinitos ciudadanos burbuja. En El incidente de Shyamalan esa misma humanidad se ve amenazada por un caso insólito de catástrofe, que a diferencia de todas las que ha conocido el género (termitas, pirañas, meteoritos, huracanes, etc) no está marcada por la agresividad: la violencia externa es sustituida por una impactante violencia interior. Los seres humanos a oleadas participan de un desconcertante suicidio colectivo, matándose a si mismos, en el sentido más reflexivo, menos recíproco, del término. Este tipo de catástrofe tan anómala es quizás la única factible para una sociedad autárquica que está a un paso de alcanzar la forma en la que la Pixar la imaginó.
Nada nuevo añadimos al afirmar que en esta línea El incidente supone la recuperación del discurso de Los pájaros. La película de Hitchcock es quizás la primera que colocó al caos sin explicación como respuesta para su catástrofe inexplicable, el plano vacío como representación del horror absoluto. Shyamalan lleva la jugada aún más lejos. Mientras que la cinta del inglés se abría con unos créditos en los que los pájaros literalmente borraban las palabras, en la de Shyamalan las nubes hacen lo propio con los nombres del equipo: en su cinta ya no hay pájaros, la amenaza se ha vuelto intangible.
