CrÃtica: Dream

Título original: Bi-Mong
Dirección: KIm Ki-Duk
Interpretación: Jo Odagiri, Na-Yeong Lee
Guión: Kim Ki-Duk
Productora: Kim Ki-Duk Films
¿Debo ir a verla? 



Sólo para devotos del cineasta y lo de los amores extremedamente autocomplacientes.
En varios fotogramas de las películas de Kim Ki-Duk sus personajes tallan sobre piedras palabras que los acabaran definiendo, generalmente esta misma escritura termina por volverse sobre el propio cuerpo en una automutilación que expresa la tortura a la que se han sometido. En el caso de Dream, donde el protagonista se martillea para evitar la llegada del sueño, esta flagelación tiene sentido precisamente porque se demostrará su futilidad una vez que la (anti)materia del sueño se haya hecho presente, es decir, una vez que el mundo de lo onírico nos redima de cualquier sufrimiento mediante su camino imposible.
Con Dream Kim Ki-Duk ha mostrado el último recorrido que le quedaba a sus amores torturados y extremos, también pecaminosos, por andar: el de el sueño, como fuga de la pesadilla de la vigilia. Lo hace a través de una pose paradójica, mientras un amante duerme, el otro vive lo que este sueña. En este último trabajo del surcoreano ocurre lo que en muchas de sus cintas, aunque aquí en exceso, no sólo pululan las mismas pulsiones por sus historias, sino que casi se reconocen las mismas imágenes, como ecos de una larguísima filmografía que versa sobre el sufrimiento del amor. Si algo se le da bien al director de La isla es precisamente encontrar belleza en las múltiples, y bizarras, maneras de querer que hay en el mundo, aunque siempre se coloquen estas a un paso de lo sórdido, acentuado en el caso de su último trabajo de manera innecesaria.
