Crítica: Che: Guerrilla

Título original: Che: Guerrilla
Director: Steven Soderbergh
Género: drama biográfico
Duración: 140 minutos
Intérpretes: Benicio del Toro, Franka Potente, Demián Bichir, Matt Damon, Joaquim de Almeida, Eduard Fernández, Óscar Jaenada.
Fecha de estreno en España: 27 de febrero
Trailer de Che: Guerrilla
¿Debo ir a verla? 



Aunuqe tiene sus hallazgos y no está carente de interés, la segunda entrega del biopic del Che es aún más agotadora que la primera.
Prosigue la narración de la biografía del Che varios años después de donde nos dejara El argentino. Un Ernesto Guevara casi irreconocible por el maquillaje y la calva postiza logra acceder a Bolivia e instalarse en un hotel. De ahí parte a la selva con el objetivo de iniciar un nuevo movimiento revolucionario. En este momento esta segunda parte comienza a asimilarse a la primera, e incluso varios de los compañeros del protagonista son los mismos (interpretados en algunos casos por conocidos actores españoles).
Sin embargo, y aunque son inseparables las dos películas (si el director concibió un solo film, así es como debería haberse visto), el tono de esta Che: Guerrilla es muy diferente al de su predecesora. El inevitable fracaso de la revolución se deja sentir casi desde el primer momento. La selva boliviana funciona como un espacio asfixiante y que prácticamente imposibilita la consecución de cualquier objetivo. El propio Guevara (encarnado magistralmente por Benicio Del Toro) se ha convertido en un hombre demasiado empeñado en lograr el triunfo de sus ideales, que permanecen inamovibles pero que ahora parecen poco consecuentes. Eso sí, la visión de Steven Soderbergh sobre el personaje, aunque algo alejada de la hagiografía, en ningún momento es crítica con los comportamientos del Che. Incluso se cargan las tintas contra el dictador Barrientos y los Estados Unidos, que no dudaron en apoyarle. Este último aspecto termina resultando lo más convencional del relato.

