Hellraiser y la nueva carne

Desde hacía tiempo intentaba meterme entre pecho y espalda, debido a puro y reconocido desconocimiento, alguna de las obras ideadas por H. R. Giger o las cintas dirigidas por cineastas como Cronenberg , o como ésta del también escritor Clive Barker. Hellraiser, a pesar de algunos diálogos obvios y situaciones que parecen congénitas al cine de terror -y que tanto agradecemos los que nos criamos observando morbosas carátulas de BETA en videoclubs de barrio-, es una película que apunta maneras en su relación entre tentación, sexo y muerte, y puede fascinar al más pintado.
La disfuncional familia de Larry Cotton se muda a casa de Frank, fallecido hermano de Larry. Con él van Julia, su amante, y Kirsty, su hija de un anterior matrimonio. Julia empieza entonces a recordar un idilio secreto que mantuvo con Frank, que como podéis imaginar no está muerto del todo. Preso de los cenobitas que le proporcionaron la muerte, Frank regresa deseoso de carne para poder vivir de nuevo su romance con Julia, pero necesita sangre y carne para lograrlo… La joven Kirsty se hace con el cubo que llama a los extraños seres que capturaron a Frank, y se descubre el pastel de los dos amantes. Se inicia la orgía de muertos.
