Los Hermanos Coen y Carter Burwell, universos paralelos

Pasea recia pero con una disimulada confusión Hailee Steinfeld buscando venganza y a un Jeff Bridges borracho que le ayude a llevar a cabo su cometido. Gabriel Byrne, verdugo de la mafia, se interna en el bosque con su víctima, ésta mira al cielo y sólo halla consuelo en las ramas de los árboles que cubren los pocos resquicios grisáceos que el futuro parece le va a permitir ver. Un barbero, fumador empedernido, planea un chantaje mientras el blanco y negro de la pantalla permite ver el humo que se agolpa alrededor de su cara. En una tormenta de nieve, que viste un paraje gélido y desolador, una única carretera, alumbrada por dos faros de coche que avanzan lentamente, lleva a un pueblo llamado Fargo donde un secuestro y varios crímenes romperán la repentina apacibilidad. ¿Cuál es el denominador común de todas estas escenas generosamente donadas al cine por los Hermanos Coen? La música de su compositor de confianza, el que se ha encargado del score de todas sus películas: Carter Burwell.

