Crítica: Chicago

Revisar Chicago puede ser un buen ejercicio antes del inminente estreno de Nine en las pantallas españolas el próximo 22 de enero. El que fuera el primer film de Rob Marshall, antiguo coreógrafo de musicales reconvertido en director de cine, es -como ‘Nine’ la adaptación de un exitoso musical de Broadway, y fue concebido por los mismos autores de otro mítico musical, Cabaret. Cabe señalar que su versión musical se está representando estos días en el madrileño Teatro Coliseum.
Para Chicago, John Kander y Fred Ebb (compositor y letrista, respectivamente), junto con la colaboración en el libreto del legendario coreógrafo y director de cine Bob Fosse (autor de la versión fílmica de ‘Cabaret’), crearon un musical que pretendía ser el retrato de una época y un lugar, con bastantes más sombras que luces a pesar del envoltorio musical. En este caso, el crimen cometido por una aspirante a cantante (Renée Zellweger) durante los años veinte del pasado siglo, y la efímera fama que este hecho le proporciona, alimentada por las maquinaciones de un abogado-estrella sin escrúpulos (Richard Gere), es la base argumental en que se sustenta Chicago.
