¿Qué pasa con James Horner?

Para la música de Avatar, la última película de James Cameron, el director canadiense ha confiado por tercera vez en su carrera en los servicios de su tocayo James Horner. Célebre en Hollywood por sus bandas sonoras para películas de acción y aventuras con abundantes toques étnicos e incluso ‘experimentales’, Horner entró a una edad temprana en la industria del cine. De hecho, una de sus primeras partituras importantes, la notable ‘Star Trek II, la ira de Khan’, fue compuesta cuando James contaba con sólo 29 años de edad. A partir de ahí, colaboró en filmes de muy diverso pelaje, combinando en muchas ocasiones, al igual que haría el gran Jerry Goldsmith, los sintetizadores con las orquestas tradicionales. Asimismo, se convertiría en músico fetiche de realizadores como Ron Howard o Mel Gibson, componiendo para ellos partituras emblemáticas como ‘Willow’ para el primero, o ‘Braveheart’ para el segundo.
Sin embargo, una sombra lleva sobrevolando desde hace más de una década sobre los trabajos de James Horner: el sospechoso parecido que ciertos pasajes tienen con la música de otros compositores, algo que no es exclusivo de Horner, por otro lado; y la repetición descarada de ciertas frases musicales, que suelen ocupar un lugar destacado en sus bandas sonoras.

