Los Fantasmas atacan al jefe (Scrooged, 1988)

Odio a la navidad. Pero Bill Murray no necesita excusas vulgares para odiarla. Él es así. Es la perfecta encarnación de Mr. Scrooge, el personaje del cuento clásico de Dickens, igual que lo fue Kevin Costner de la dignidad de la clase media, escojan el ejemplo que prefieran. Y es que antes de que Bill Murray se convirtiera en uno de los paradigmas de la élite gafapasta gracias a la espléndida película de la Coppola, de Wes Anderson o de Jim Jarmusch, ya se hizo querer por películas (olvidables, fállidas o mejorables) como esta Los fantasmas atacan al jefe. Murray en estado puro. Y además, dirigida por mi amado Richard Donner, aunque esto último sólo se note en ocasiones.
Antes de que Murray fuese intelectualizado y gafapasteado, se paseó con comodidad por las taquillas de los ochenta con productos como Los fantasmas atacan al jefe o Cazafantasmas. Donner, que dirigió la presente entre las fenomenales Arma Letal (1987) y Arma Letal 2 (1989), todavía ofrecería poco después la desconocida La fuerza de la ilusión (Radio Flyer, 1992), inesperada joya llena de sutilezas que se aleja de las impagables buddy movies, y que es otro de los hitos de la carrera del realizador de Superman o Los Goonies. Y ya que estamos, no me olvidaré de Lady Halcón y la primera hora y media de Conspiración… Si ésto es ser un artesano, habría que revisar el valor que le damos al término. Más abajo el final de la película.
