Crítica: El niño con el pijama de rayas

El niño con el pijama de rayas

Título: El niño con el pijama de rayas
Título original: The boy in the striped Pyjama
Director: Mark Herman
Reparto: Asa Butterfield, David Thewlis, Vera Farmiga, Rupert Friend, Amber Beattie
Guión: Mark Herman (a partir de una novela de John Boyne)
Producción: Coproducción USA-GB; Heyday Films
Música: James Horner
Fotografía: Benoît Delhomme
País: USA
Año: 2008
Género: Drama
Estreno en USA: 7 noviembre 2008
Estreno en España: 26 septiembre 2008
Trailer: El niño con el pijama de rayas
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Bello filme, no apto para lacrimosos

Con la novela convertida en un fenómeno y haciendo el agosto en librerías de medio mundo, llega la adaptación al cine de El niño con el pijama de rayas. En un tiempo récord Miramax films ha adaptado este best-seller contando con Mark Herman para el guión y la dirección. Para su reparto se ha optado por un elenco de caras desconocidas como Asa Butterfield, Vera Farmiga (vista en Infiltrados), y David Thewlis. La película llegará a las salas españolas el 26 de septiembre, pero el que suscribe pudo asistir a la premiere de prensa para adelantaros sus impresiones.

La película El niño con el pijama de rayas es muy fiel a la novela, según las propias palabras de John Boyne (autor de la novela). El filme parte de un material muy interesante pero muy abordado por el cine, sin embargo lo que la hace interesante, es el punto de vista a partir del cual se nos explica la historia. Nos encontramos en plena segunda guerra mundial cuando una familia alemana se traslada de la ciudad de Berlín a Auswitch, en dónde el padre de familia deberá dirigir el fatídico campo de exterminio. El personaje central de la historia es Bruno, un chico de 8 años que descubre un nuevo mundo con su llegada a su nuevo hogar, y con cuyos ojos veremos el sin sentido de la guerra y de la barbarie nazi. Todo esto cobra su máximo esplendor cuando Bruno conoce, en una de sus escapadas, a un niño judío que se encuentra retenido al otro lado de la alambrada. A partir de ahí nacerá una bonita amistad entre los dos niños, marcada por la situación que les ha tocado vivir. Podríamos decir que El niño con el pijama de rayas es el equivalente a La vida es bella pero desde el punto de vista de los alemanes y sin darle la misma importancia a lo cómico.

La obra, al mostrarnos todo el horror desde los ojos de Bruno, deja más palpable la sin razón de la guerra, dónde un niño de 8 años que aún no se ha visto enjuiciado por prejuicios ni doctrinas ve a todas las personas como iguales, y no entiende la actitud de su padre ni de otros nazis hacia esas personas a los cuáles él llama, desde su inocencia, los granjeros (los presos en los campos).

La película mantiene a lo largo de todo el transcurso un tono emotivo y dramático. Hay momento de humor, momentos entrañables (en especial cuando Bruno entra en escena), momentos dramáticos y momentos emotivos. En ese sentido, el director ha sabido apoyarse muy bien en los elementos fílmicos para lograr apelar a los sentimientos del espectador, y en algunos momentos, incluso excediéndose en su uso.

Herman opta por una puesta en escena muy clásica, coherente con el momento histórico y con el tipo de historia que nos cuenta. En todo momento la película mantiene un ritmo perfecto apoyada por esa elegancia y buen hacer de su puesta en escena, y por la propia trama que engancha al espectador. Llegando a su máximo apogeo en uno de los mejores clímax vistos durante este año.

La película mantiene su interés a lo largo de su duración en buena parte por la gran labor de sus interpretes. Por un lado está el personaje de Bruno interpretado por Asa Butterfield, el cuál trasmite con pocos gestos y algunas miradas la inocencia propia de un chaval de su edad, pero también un ingenio desbordante, el cuál no se ve dañado por el contexto ni por la reclusión que vive en su propia casa. También destaca Vera Farmiga en su papel de una madre y esposa sufridora que poco a poco se va distanciado de su marido. Un marido interpretado por David Thewlis en el doble papel de padre y comandante nazi, los cuáles consigue diferenciar muy bien, mostrando con ello las dos caras de la moneda en una misma persona. El resto de reparto sigue muy bien el paso macado por sus principales.

Otro factor que realza el ambiente de inocencia, tristeza y dramatismo con el que enfocamos la historia es la música de James Horner. El veterano compositor elabora una partitura que potencia y resalta los estados de ánimo de Bruno, que a la vez coincide con el de los espectadores. No obstante, su música rellena casi cada una de las secuencias con lo que el impacto emocional se ve reducido. Quizás son los diálogos entre los dos niños, y alguna que otra situación algo incongruente, lo que hace que El niño con el pijama de rayas no sea una obra perdurable. Estoy seguro que también recibirá críticas por la poca dureza con la que trata el holocausto y el papel nazi, pero lo encuentro justificado en el momento en que se adopta el punto de vista de un chaval de 8 años, cuya mente no es capaz de imaginar el extremo de barbarie vivido durante esos días. Ni siquiera un servidor, a día de hoy, puede llegar a hacerse a la idea de todas las atrocidades acontecidas en esos fatídicos días de los campos de exterminio.

El niño con el pijama de rayas es un filme sustentado en una factura técnica admirable, y en unas interpretaciones tan sorprendentes como precisas. Con las que se consigue un bello a la par que emotivo filme, pero es en ese afán de llegar a la fibra del espectador, donde se destapan sus mecanismos (muy efectivos por otra parte) y pierde parte de su encanto inicial.