Lunes, 29 de junio de 2009
Viernes 13 4ª parte. CapÃtulo final, acampar ya no es lo mismo

Viernes 13. Capítulo final fue la cuarta entrega de las aventuras del demente Jason, filmada en 1984 por Joseph Zito. Últimamente a un servidor le ha dado por revisionar los cortes del matarife de Crystal Lake, y ha llegado a la conclusión de todos aquellos que se han tomado la molestia de dicha actividad: es la mejor, la más potente de todas, por encima del remake de Viernes 13 de Marcus Nispel (que, por cierto, recogía algún giro argumental de la presente).
Y no porque Viernes 13. Capítulo final sea distinta a las otras nueve películas -la excusa argumental es la de siempre, sin más- sino por ese punto artesanal, puramente cinematográfico, que distingue una mala película de terror (bien filmada y ejecutada, profesional donde las haya) de una mala a secas. La dirección de Zito -curtido después en inventos varios de Chuck Norris- tiene un ritmo creciente, da cierta dignidad a sus personajes -y por tanto, a su ineludible y violenta muerte- y no pierde el tiempo cantando en falsete o en escenas inútiles. En cierto modo, es puro respeto al género. Y por supuesto, tiene el maquillaje de Tom Savini, excelente en instantes como en la muerte del vigilante o la de un jovencísimo Crispin Glover.

Otro punto a favor son las actuaciones del elenco, que sin ser ninguna maravilla, sí tienen ciertos visos de realismo y dignidad por parte de sus intérpretes. Pese a que las conductas de los jovencitos destinados a ser troceados por Jason Vorhees se reducen a beber y acostarse unos con otros, todo aparece presentado con cierta naturalidad y encanto, y uno llega a sentir que, al final, el destino de todos ellos sea una muerte cruel.
Zito hace que el final de cada joven llegue justo cuando el conflicto de cada uno se ha resuelto o está en su punto más dramático, de modo que siempre dejan algo sin terminar. Este detalle le da al film ese punto nefasto y cruel del que carecen otras entregas. La violencia, descarnada en ocasiones, llega sin avisar, rápido y sin falsos sustos, cosa que repercute en la sinceridad y ritmo del conjunto -y que enterraba las entregas anteriores filmadas por Steve Miner-.
De modo que Jason, aquí ya casi el zombie imparable que protagonizaría siguientes entregas, no es dibujado como el héroe de la función, sino como un verdadero desgraciado que no se detiene ante nada, y que siempre tiene a su disposición cualquier herramienta para destruir otro cuerpo humano. Una máquina sin pensamiento invencible similar al invisible Tiburón de Spielberg, al que Zito tiene la deferencia de no presentar en toda su claridad hasta el climax final.
Todo ello el director lo presenta bien montado, con algún movimiento de cámara ejecutado con cierto primor -y a lo Brian de Palma- y con unos diálogos razonablemente bien escritos, teniendo en cuenta de lo que estamos hablando. Maneja bien el espacio y los tiempos -esta vez hay dos casas y no una, ambas bien aprovechadas- e introduce algún detalle verdaderamente turbador. Ahí está la salvaje caída a cámara lenta de una de las bellas protagonistas por la ventana para salvarse de una muerte segura, lo directo de alguna escenilla sexual o la certeza de que el mal nunca muere: esa mirada final del pequeño Tommy Jarvis que anticipa futuras entregas.

La violencia, presentada de forma cruda pero cinematográfica -ni rastro todavía del Torture Porn, que alarga la agonía de las víctimas buscando un falso realismo- permite orquestar escenas oscuras y con cierto suspense, no sólo sangre. Ojo, Viernes 13 4ª parte nunca deja de ser lo que es, un slasher más simple que el mecanismo de un chupete y que no abre camino nuevo alguno, pero digno en su categoría, y con esa irresistible pátina ochentera que la hace mil veces más interesante y sucia que los ejemplos estilizados recientes.
De modo que aquí va mi pequeño homenaje a un film que se merece el laurel de destacar en una serie con demasiadas entregas, pero un potencial icónico ciertamente interesante y atractivo. Por no mencionar lo que mola bucear en las carátulas de los antiguos videoclubs, eso que ya apenas existe en beneficio del absurdo animal llamado emule.

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