Jueves, 11 de junio de 2009
Crítica: Te quiero, tío

Título : Te quiero, tío
Título original: I love you, man
Director: John Hamburg
Género: comedia
Fecha de estreno: 12 de junio
Intérpretes: Paul Rudd, Jason Segel, Rashida Jones, Jon Favreau
Te quiero, tio: trailer en español
Trailer: Te quiero, tío
¿Debo ir a verla? 



Fresca, sincera y divertida. Una vuelta de tuerca auténtica a las películas de tíos.
Te quiero, tío es otra de las comedias estilo Apatow surgidas a raíz del éxito de Virgen a los 40. Dispuestas a analizar las vicisitudes de la vida adulta a través de la pura negación de la misma, la cinta firmada por Judd Apatow…perdón, John Hamburg consigue triunfar de nuevo en su dibujo de dos personajes antónimos pero complementarios, gracias a su frescura –pese a que la fórmula es evidente-, su buen humor y dos protagonistas cuya ilusión y sinceridad interpretando son, simplemente, contagiosas.
Así que explotando su vena más payasa y gamberra, tanto Paul Rudd como Jason Segel se pasean por la película con la comodidad de quienes se saben ganadores. Exhiben química juntos y se rodean de una gama de secundarios que les van a la zaga. De modo que Te quiero, tío resulta intrascendente pero no insulsa, siempre divertida e incluso por momentos, sentida.
Porque hay tanta sinceridad en su dibujo de esta improvisada historia de amor entre hombres –no homosexuales- como en los traumas colectivos y amorosos de El lector, sin no más. La imprudente comparación, que no leerán en ningún sitio más, es improcedente pero tiene sentido. Bajo los chistes y gracias del film –que oscilan entre lo basto, lo facilón y lo afilado: la mayoría buenos- respiran dos personajes reales, con conflictos reales y con un final tolerante y condescendiente que hace sentir bien a todo el mundo.
Eso redunda en su autenticidad, que disculpa cualquier exceso y su convencional final. El film nunca pide perdón por su desfile de burradas y saca un razonable provecho de las implicaciones homoeróticas del argumento, pero sin girar excesivamente en torno a ellas. Se chotea de forma perversa de los roles sexuales, explotados por los consabidos intereses creados para su propio beneficio. Y sólo en los compases finales su director pierde el pulso y deja que la rutina se apodere de la historia, pero afortunadamente eso sólo dura unos minutos.
De modo que el espectador podrá disfrutar enteramente de estos dos elementos que son realmente el uno para el otro. La afirmación que da título a la película –que ambos protagonistas se dicen en una boda…que no es la suya- emparenta amistad con amor y los sitúa como dos puntales distintos y necesarios. No se niegan las responsabilidades de la vida adulta pero sí trata de arrojar nueva luz sobre la misma, con frescura y buen humor, y sin pretensiones. Muy recomendable.

Comentarios
13 de junio de 2009 - 9:51 am
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