Jueves, 17 de julio de 2008
Crítica: La invasión de los ultracuerpos (1978)

Lo bueno del cine es que uno encuentra diamantes donde menos se lo espera. Es dificil abarcar todos los géneros y todas las películas, y a uno se le escapan cosas que para otro son de lo más obvias. Ese es mi primer pensamiento tras el visionado de La invasión de los ultracuerpos, de Philip Kaufman: ¿por qué no la había visto antes?.
La llegada a la tierra de unas diminutas esporas de otros confines pone en verdaderos aprietos a la ciudad de San Francisco. De forma secreta y progresiva, van poseyendo a los seres vivos de la gran urbe hasta acabar con ella, y sólo unos pocos son los que lo advierten. Entre ellos, el grupo de amigos formado por Matthew, Elisabeth, Jack y Nancy, que lucharán por no ver sus cuerpos sustituídos mientras huyen del peligro.
El original de Don Siegel era una enseña de la paranoia de la Guerra Fría, resultando una serie B que marcaba de forma paradigmática el temor masivo a la amenaza latente del comunismo. En 1978, con ese clima de fracaso masivo pululando por los EEUU, el remake debía ser muy distinto. Lo es, y aparte de desplazar las lecturas políticas del invento hacia un territorio más social y psicológico, el film destaca por dar preeminencia a las sensaciones más que a los contenidos, pero entíendase bien esto: Kaufman consigue llevar con estilo el tema a los terrores más primarios del ser humano, y dibuja realmente bien la lucha constante entre las fronteras psicológicas y fisicas del individuo, su temor a desaparecer bajo la masa unidimensional, uniforme y sin pensamiento propio.
El remake llama la atención por su brillantísimo trabajo de cámara. Michael Chapman, director de fotografía de títulos como Jóvenes ocultos o Toro Salvaje (menuda combinación), muestra un gusto siniestro exquisito en el retraro de una ciudad vacía y nocturna, y a la vez consigue resaltar la soledad de los protagonistas, tanto en entornos abiertos como cerrados e íntimos. Sus encuadres, dinámicos en extremo, son ayudados por un guión ajustado y que nunca se detiene al mostrar el avance de la colonización. Es por ello que el film de Kaufman se revela tan inquietante como divertido de ver una y otra vez, estoy seguro.
También colabora el retrato de los cuatro amigos que realiza Kaufman: desde un ajustado Sutherland hasta el siempre divertido Jeff Goldblum, (todos ellos están definidos en cuatro efectivísmos trazos), el grupo está situado muy bien en la órbita hippie-establecida de finales de los 70. Destaca, no obstante, la originalidad y la sutileza conseguida entre los dos personajes principales, Matthew y Elisabeth: su amistad desprovista de egoísmos resulta extraña en este tipo de films, y a su concreción ayudan los dos actores (Donald Sutherland y Brooke Adams), verdaderamente atinados. Pero sobre todo, queda para el recuerdo la misteriosa y fascinante presencia de Leonard Nimoy, que aporta su spockiana y exquisita presencia a un personaje nada vulgar.
Y sin más (atención, Spoiler), les dejo con la imagen más famosa de la pelicula, ésa que les atormentará el resto de sus días…


Comentarios
6 de agosto de 2008 - 10:02 pm
hola!
Ví esta película la semana pasada y al leer tu crítica he descubierto ciertos matices que había pasado por alto como el enfoque psicológico,la relación entre los personajes y su época …
He de reconocer que me resultó muy inquietante y me tuvo en tensión todo el rato.
Pero desgraciadamente no me gustan los giros finales inesperados. A veces da la impresión de que son lo más importante de la película.Y eso fue precisamente lo que me ocurrió al ver esta película.
Parece como si el final no acabase de encajar, me explico, eché de menos alguna pista más que en su momento pasase desapercibida pero que al ver el final encjase como un puzzle y pudiera decir: “Ahh por eso hizo/dijo esto ese personaje”.
El tramo final me pareció un poco falto de sentido, porque para dar el mismo mensaje se podía haber hecho de muchas otras maneras.
En resumen, no me convenció, me decepcionó el ultragiro final, aunque reconozco que la dichosa escenita me puso los pelos de punta.
8 de agosto de 2008 - 10:27 am
Mmm…tampoco es para tanto el giro. Hay peliculas que acaban mejor que otras… respecto a lo de inquietar, tienes razón, inquieta y divierte a la vez, tomándose en serio lo que cuenta sin destrozarlo con humor, basándose precisamente en los personajes.
Y lo de la relación con la época creo que es lo mejor de todo, ya que ha habido una versión de la historia cada diez años: está la de Don Siegel, ésta, la de Abel Ferrara en los noventa y la reciente con Nicole Kidman, todas mejores o peores, pero con elementos distintos.
Saludos
8 de febrero de 2009 - 7:02 pm
[...] libro Los ladrones de cuerpos de Jack Finney que ya trasladaran a la pantalla grande Don Siegel, Philip Kaufman o Abel Ferrara, y Soy leyenda, adaptación de la novela homónima de Richard Matheson ya llevada al [...]