Crítica: Radio encubierta

Radio encubierta, crítica

Título: Radio encubierta
Título original: The boat that rocked
Director y guionista: Richard Curtis
Duración: 130 minutos
Género: comedia
Fecha de estreno en España: 27 de mayo
Intérpretes: Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Rhys Ifans, Nick Frost, Kenneth Branagh
Radio encubierta, tráiler y póster en español
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Pese a no tener una historia demasiado cohesionada, es dulce y humorística, sin resultar cursi. Lo que Richard Curtis sabe hacer tan bien.

Richard Curtis ha brillado con luz propia como uno de los representantes cinematográficos del humor británico en su variedad más inofensiva, pero a la vez repleta de mala leche, ironía y claroscuros. Y de sus películas como director, no sólo guionista, siempre se ha desprendido una innegable eficacia y seriedad –a la hora de afrontar el humor- que si bien no llega a la genialidad, sí proporcionan siempre al espectador una sensación de satisfacción que dura un buen rato después de salir del cine.

Así es en Radio encubierta, como así fue en Notting Hill, Bridget Jones y en Love Actually, su debut cinematográfico como director. Pese a sus evidentes defectos –una excesiva duración, una línea argumental algo débil-, Curtis  nos invita a gozar de un grupo de actores que se lo están pasando tan bien como sus personajes, y de una sensación de camaradería artística que, como les pasa a los protagonistas del film,  hace fácil superar todos los obstáculos.

El gran mérito de Curtis es que la sensación de irrealidad y de nostalgia que recorre Radio encubierta -tan propia de este tipo de argumentos-, se compagine tan bien con lo que de verdad importa en el film: la actitud gamberra de todos sus protagonistas, pero también con los claroscuros –no exactamente realistas- de lo que significa llevar un estilo de vida irresponsable y condenado a desaparecer.

La virtud de Curtis en el film es lo bien que, de nuevo, viste de azúcar y caramelo el mundo de orgías, sexo, drogas y alcohol que presumiblemente llevan sus protagonistas. Radio encubierta nunca es un film duro. Pero tampoco es cursi o remilgado, porque su autor sabe como evitar toda pretensión estética o moral para hacer, simplemente, que el espectador se suba al barco con sus protagonistas y se haga amigo de todos ellos. A Curtis no le interesa el desgobierno y la anarquía, o sólo en la medida que le ayuda a plasmar una serie de gags –tanto visuales como verbales- ciertamente disfrutables. Curtis no es Cameron Crowe, sino el artífice de series como Black Adder y de clásicos románticos como Cuatro bodas y un funeral, y eso se nota por los cuatro costados.

Como era de esperar, el humor del film nunca resulta rancio, entre otras cosas porque los encargados de plasmarlo en la pantalla son una cuadrilla de privilegiados bufones que son lo mejor del panorama actual. Un servidor vuelve a aprovechar aquí para expresar su increíble devoción por Bill Nighy, el actor más divertido del planeta. Ahí está la labor de un vigoroso Philip Seymour Hoffman y sobre todo, un Kenneth Branagh que encarna el lado rancio de la sociedad inglesa contra la que se revelan los protagonistas y que, cual Coyote frente al Correcaminos, con sus sucesivos intentos legales de cerrar el chiringuito se dibuja como un memorable Pierre Nodoyuna frente a la indetenible orgía de los protagonistas.

Ahora el lado negativo, que lo hay e importante. Radio encubierta dura casi 130 minutos, una duración a todas luces excesiva para un film que, además, acusa el abrir demasiados frentes argumentales para no decidirse por ninguno. El final es excesivo y trivial, y no hay una historia principal más allá de la oposición de esta pandilla de simpáticos indecentes al insoportable Gobierno, tan sólo chispas del amable genio de Curtis. Son defectos importantes, pero qué demonios, viva el Rock and Roll…