Crítica: El laberinto del Fauno

cartel de El laberinto del Fauno

Título original: El laberinto del Fauno
Director y guionista: Guillermo del Toro
Género: fantástica
Nacionalidad: España-Mexico
Duración: 114 minutos
Intérpretes: Ivana Baquero, Sergi López, Maribel Verdú, Ariadna Gil, Doug Jones
Estreno en España: 11 de octubre de 2006

Hace poco tratamos de arrojar luz sobre los orígenes de Indiana Jones, una historia aventurera que hundía sus raíces narrativas en los cuentos de hadas más míticos e inmemoriales. En 2006 Guillermo del Toro reflexionó, sin ser tampoco el primero en hacerlo, sobre la naturaleza y significado de estos textos, al contarnos la historia de una niña obligada a crear su propio cuento para huir de la realidad más opresiva, la de la España fascista de 1946.

Ofelia es una niña de 13 años que llega a un pueblo gallego con su madre para encontrarse con su nuevo padrastro, Vidal, un sargento franquista que vigila a los guerrilleros republicanos desde su casón rural. En ese contexto, Ofelia encuentra en el Fauno que vive en el bosque una salida a sus frustraciones. Lo que no sabe es que el Fauno le propondrá tres pruebas para ser princesa, ya que le confiesa a la niña que ella pertenece en realidad al Reino de fantasía, donde el Rey paternal la espera y todo es distinto.

Ofelia, con un libro en la mano desde el comienzo de su historia, necesita tanto de los cuentos como cualquiera, aunque vive en un contexto violento que evidentemente ha olvidado su propia procedencia, manifestada a través del contenido mítico de las historias que la niña consume. El mexicano Guillermo del Toro, cada vez mejor director, aprovecha la idea para llevar un poco más allá su exploración de mundos fantásticos insertos dentro del real, a través de una evidente fantasía que es el subterfugio para encontrar la ilusión fundamental de estar viva de una niña, y huír de la realidad deprimente representada por el ogro del cuento, encarnado aquí por un lobo feroz como es Sergi López, un villano en busca de transcendencia que reniega del reloj de su padre, que a la vez no puede dejar de arreglar durante toda la película.

Del Toro demuestra ser un narrador cada vez más sutil y a la vez entretenido, dinámico, además de entusiasta creador de estéticas fascinantes hechas con buen gusto, y capaz de verter con creciente sabiduría y estilo su amalgama de referencias literarias, cinematográficas y visuales, que abarcan desde el cómic al arte expresionista o simbolista. ‘El laberinto del Fauno’ tiene detalles de genialidad, un cuento en evidente estado de descomposición moderna que advierte subterráneamente del evidente peligro de olvidar la moralidad inherente en los cuentos, en la ficción y el arte. Su creador disemina con total y profundo conocimiento detalles de enorme cultura y calado a lo largo de la ajustada narración , y hace que el mundo fantástico y el real coexistan y se diferencien visualmente con envidiable soltura.

El laberinto del Fauno

Ofelia interpreta su triste vida para elaborar un (nada feliz) cuento de ella. La imaginación de la niña está, no obstante, teñida de oscuridad y terror, como no podía ser menos en una cinta ubicada en el franquismo duro: el Fauno, lejos de ser un amigo, más parece una amenaza que traduce el terror que le provoca su padrastro, al ponerle además tres pruebas para encontrarse a sí misma y en las que Ofelia se pone a prueba para la trágica decisión final que ella sabe que la espera al final del laberinto. En este sentido es brutal la honestidad con la que juega Del Toro: nunca niega que el mundo fantástico de Ofelia sea una evidente fantasía de la niña, pero aún así le da todo el peso e importancia que para Ofelia tiene, sin menospreciar a su personaje ni a su público con un discurso fácil y melodrámático para provocar pena.

Una pena, aquí sí, que algunos personajes no calen emocionalmente, como la madre interpretada por Ariadna Gil y algunos secundarios. Ivana Baquero cumple bien como Ofelia, pese a ser todavía muy nueva, y Sergi López como el lobo feroz del cuento, el capitán Vidal, elemento de la realidad que no en vano alberga los momentos más terroríficos (ese labio cortado…). Los personajes son unidimensionales por que deben serlo, pero aún así no resultan tan conmovedores como deberían, verdadero problema de la película. Además, del Toro focaliza su advertencia demasiado claramente sólo en el bando franquista, olvidándose del otro lado del conflicto, caracterizado de forma demasiado vaga como los héroes de la función.

Pero todo ello es prueba clara de que su maravilloso director no hace una película sobre una niña que divaga, sino algo más genial y profundo, que verdaderamente reivindica la fantasía en sí misma: ‘El laberinto del Fauno’ es, toda ella, el más fenomenal y triste cuento de terror reciente que, con sus pies hundidos en el fango de la realidad, nos ilumina el sendero de la destrucción del hombre, que es el mismo que el de la destrucción de la imaginación.