Notas de Cine

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Miércoles, 13 de mayo de 2009

Fauna y hojas de reclamaciones en los Renoir

Fauna y hojas de reclamaciones en los Renoir

No había estado nunca. Cerca de mi casa hay varios centros comerciales de esos con salas multicines donde echan todos los grandes estrenos de hollywood. Nunca falta un estreno sonado: Lobezno, Star Trek, la última de Nicolas Cage o Christian Bale, lo último en ciencia ficción o comedia siempre tiene cabida entre las quince o veinte salas que tienes los multicines. No importa la cadena, Yelmo Cineplex o CineBox, da igual el nombre porque todas las grandes cintas tienen su espacio en ellas.

Pero a medida que uno va degustando cine y va creándose una opinión, comienza a ver más allá, más lejos de los blockbuster y los grandes éxitos comerciales. No quiero parecer un pureta que ahora se pone a dar títulos como Los cuatrocientos golpes, de François Truffaut, o la ahora convertida en remake, Ben Hur. Me refiero a títulos más banales, más mundanos. Me refiero a Leonera, una cinta argentina dirigida por Pablo Trapero, o This is England, una inglesa de Shane Meadows. Películas que al no ser taquillazos, el 90% de la población se queda sin posibilidad de verla porque sólo la distribuyen en uno o dos cines de Madrid. Es una pena.

Pues bien, fue precisamente esta queja personal lo que me llevó a ver Paraiso Travel a los cines Renoir, en la céntrica Plaza de España madrileña, concretamente en la calle Martínez de los Heros. Titulo mi artículo como Fauna en los Renoir porque aquella noche (fuí a la sesión de las 00:45 de la madrugada) todo era puro esperpento. Mientras esperábamos la mínima cola que había para coger las entradas, una pareja que había delante montó el espectáculo. Ella le decía a él (o le amenazaba) con que eligiera la película correcta. Sin entrar a valorar su aspecto diré que algo faltaba en sus cabezas, una pizca de raciocinio, de inteligencia emocional, de normalidad vital. Pues el hombre cogió dos entradas para Déjame entrar. Imaginaros la discusión a grito pelado por haber elegido una película sueca en VOS (versión original subtitulada). Le cayó la del siglo.

Empezó al noche, la gente se iba agolpando y hacían cola dependiendo de la sala a la que fueran a entrar. Pero antes de entrar, tenían que salir. Toda una sala, sudando, ardiendo, enfadada y a grito pelado decía: “¡No entréis al cine!, ¡qué nos devuelvan el dinero!, ¡el calor es insoportable, se ha roto la ventilación!” y otro le decía, “si eso fuera todo, genial, pero la sala no está insonorizada y dentro se escuchaba el sonido de la discoteca de al lado”. Vamos, un esperpeto. Pues hojas de reclamaciones volaban arriba y abajo. “Páseme una”, decía una señora. “No, mejor tome dos y que también escriba su marido”.

Pero la vida seguía en aquel recibidor de los Renoir. Mientras dos jóvenes freaks, que habían cogido entradas para Ponyo en el acantilado, discutían sobre cómo era la bobina de cine que tenían expuesta en el recibidor, la mujer seguía discutiendo con el hombre por haber elegido Déjame entrar: “¡Es que no sabes leer!” (el hombre era mudo). Pero la locura llegó a su grado máximo cuando una voz sonó por encima de las demás y dijo: “¿me da dos hojas de reclamaciones, por favor?” (nunca la taquillera se habría visto en una situación igual). El mismísimo Pepe Viyuela (de la serie Aída) estaba ahí, con su boina calada, a las 00:45 de la noche en los cines Renoir, formando parte de aquella fauna nocturna. Para que vean, hasta los actores piden hojas de reclamaciones en los cines.

Nos pusimos a la cola de la sala 4, Paraiso Travel nos esperaba, pero fue como si una fuerza extraña no quisiera hacernos felices aquella noche. Todas las salas se abrieron excepto la nuestra, la gente comenzó a entrar a ver sus película. La hora de inicio de nuestro filme había llegado, el recibidor se había vaciado por completo, sólo unas hojas de reclamaciones sucias correteaban por el suelo y llegó mi momento, deseaba ver aquella película: “Perdona, no queda nadie más, ¿podemos entrar ya a la sala?”, “¡No, todavía no, por favor!”. Increíble, ahí estabamos, esperando, a solas, ya no había fauna pero tampoco película. Cuando al hombre que controla el paso a las salas lo vió oportuno, nos dejó pasar, ya no eran las 00:45, habían pasado varios minutos. Eso sí, fue sentarnos y empezar los trailers, estaba todo controlado.

Aún así lo pienso y llego a la conclusión de que, sí hay que volver a pasar por todo esto para ver una película lograda, diferente, buena, entretenida, inteligente y totalmente disfrutable como Paraiso Travel, sin duda, lo volvería hacer. Eso sí, iría con boina, como Pepe Viyuela. Al fin y al cabo, en los Renoir, todos los gatos son pardos.

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