Viernes, 18 de abril de 2008
Crítica: Cashback
Título original: Cashback
Director, productor, guionista: Sean Ellis
Año: 2006
Género: comedia
Nacionalidad: inglesa
Duración: 102min
Intérpretes: Sean Biggerstaff, Emilia Fox, Shaun Evans, Michelle Ryan, Stuart Goodwin
Estreno en España: 11 de abril
‘Cashback’ es la opera prima de Sean Ellis, de la cual ya os ofrecimos su trailer. Una comedia romántica entre dramática y gamberra acerca de lo caprichoso del amor y el desamor, de la búsqueda de la belleza, contada a ratos como si fuera ‘American Beauty’, a ratos como ‘American Pie’, todo ello pasado por el colador mágico de ‘Amelie’. La mezcla no desagrada en absoluto pero sí despista, ya que al final no sabemos muy bien si todo ha sido planeado previamente o resulta de cierta improvisación de su prometedor autor, resultando de todas formas una comedia romántica por encima de la media.
En ‘Cashback’ conocemos a Ben Willis, un estudiante de bellas artes que, tras una dolorosa ruptura con su novia, ve pasar sus horas en vela sin poder dormir. Ben ha estado obsesionado toda su vida con una búsqueda quizá imposíble: canaliza el mundo cotidiano a su alrededor buscando algo que se le escapa. Para aprovechar las ocho horas adicionales haciendo algo, busca trabajo en el turno nocturno de un supermercado, donde además de encontrarse con la fauna típica se topará con Sharon, la cajera que le hará recobrar el sentido de la existencia.
Las aventuras del pasmado Ben no podían comenzar mejor. Lo inexplicable del fenómeno amoroso es explorado con sadismo por su protagonista en primera persona, ahondando en la ruptura sentimental, contemplando su entorno con la certeza de que algo falta, y haciendo que su director luzca una notable capacidad visual desde su comienzo. El problema es el uso y abuso de formas que al final revelan quedarse en eso, en recursos para acentuar el dramatismo de una historia mil veces vista, que eso sí, agrada por ser contada desde un punto de vista nuevo.
De esa manera ‘Cashback’ nos reserva un puñado de buenos momentos cómicos (reservados a algunos secundarios), dramaticos (los primeros compases de la cinta, los mejores) o simplemente detalles que se agradecen muchísimo (Sean observando las palmaditas en el trasero de su jefe a la cajera Sharon mientras se cierra una puerta, o mirando cual bodegón unos guisantes en el suelo). El problema viene cuando la inicial simpatía con la que se inicia la contemplación -buenas interpretaciones, humor y drama combinándose- ve en parte arruinada por un desarrollo convencional y poco preparado, adornado eso sí por estímulos visuales que una vez repetidos delatan la falta de desarrollo.
El recurso de querer explicar demasiado (mediante el uso del flashback, excelentes pero innecesarios en ocasiones) no deja avanzar una historia que en su final se ve obligada a acabar bruscamente, con un deux ex machina algo precipitado, representado sobre todo en el paso de Ben al mundo del arte y las galerías. No obstante esto es lo negativo de la propuesta, en el otro lado de la balanza encontramos una muy atractiva comedia juvenil y romántica, con más bagaje que otras. Ben escribe su historia a través de las mujeres, en una obsesión que lejos de ser sexual entronca con la necesidad aferrarse a su propia existencia: visualizadas con atrevimiento y desenvoltura, Ben nos muestra como detener el tiempo antes de que se vaya, una evidencia que no por menos cierta se revela imposíble.


Comentarios
17 de septiembre de 2008 - 12:08 pm
[...] Ahora hay que sumarles Crows-Episode o de Takeshi Miike, The Broken de Sean Ellis (director de Cashback), y The Sky Crawlers, el último filme de Mamoru Oshii, presentado ya en el pasado festival de [...]