Crítica: De dioses y hombres

De dioses y hombres

Título: De dioses y hombres
Título Original: Des hommes et des dieux
Director: Xavier Beauvois
Género: drama
Fecha de estreno: 14 de enero de 2011
Intérpretes: Lambert Wilson, Michael Londsdale.
Trailer: De dioses y hombres
¿Debo ir a verla? ★★★★½ Película bellísima y profunda, con una puesta en escena portentosa.

En la Argelia de finales del siglo XX, con la tensión creciendo por culpa de violentos ataques terroristas y del despotismo del Gobierno, un grupo de monjes cistercienses de origen francés resiste en su monasterio, viviendo con poco pero ofreciendo todo su apoyo a los habitantes de la zona, aunque estos sean musulmanes. Con este punto de partida, y basada en unos trágicos hechos reales, De dioses y hombres no solo parece el retrato de unos héroes de la tolerancia y la moral sino que efectivamente lo es.

El director Xavier Beauvois no se molesta en oscurecer a los monjes. Muestra sus dudas, pero estas los hacen seguramente más admirables, más humanos. Más bien al contrario, Beauvois elabora una prolongada introducción que antecede al estallido del conflicto, y en la que básicamente vemos la labor rutinaria que ejercen en el convento, la amabilidad con la que se integran en la comunidad y la gratitud de los argelinos por los servicios básicos que prestan, principalmente el médico del grupo (extraordinario Michael Lonsdale).

Se diría que Beauvois recupera para el cine una épica que parecía pérdida en estos años de oscuridad. Y lo hace a partir de un lenguaje sencillo, pulcro y refinado, repitiendo en ocasiones los mismos planos (una manera ejemplar de mostrar la evolución del relato), y dando importancia a la simetría y al ritmo reposado de los ritos. Hay quien ha definido este estilo de naturalista. Tan solo en la llamativa secuencia de “La última cena” se deja llevar Beauvois por la expresividad de la música de Tchaikovsky. Pero es sin embargo admirable que sea ese momento climático el elegido para señalar el dramatismo de toda la historia, ya que el desenlace permanece en un respetuoso fuera de campo.

De dioses y hombres resulta en definitiva un film de una rara belleza. No encontramos últimamente demasiados ejemplos de talento puestos al servicio de la tolerancia. Mientras que otros parecen regocijarse en las desgracias y miserias del alma humana, Beauvois ha optado por un ejercicio de enseñanza ascético y sin dobleces, más interesado en la verdad tras las imágenes que en la Historia. Un ineludible monumento.

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