Notas de Cine

Conoce los secretos del mundo del cine

Viernes, 25 de enero de 2008

¿Hay alguien ahí? (Segunda Parte)

ovni

En el artículo anterior nos habíamos detenido en el Desierto de Thar, en el año 1985, cuando alguien fotografió a dos extraños objetos voladores, definidos como OVNIs, pese a que no entraban dentro de los cánones de un OVNI normal. Aquellos aparatos que volaban dejando tras de sí una nube gaseosa eran realmente extraños. Nuestra memoria fotográfica hubiera dicho nada más verlos: “¡Ey, qué zeppelines más raros!”, pero tampoco se trataban de zeppelines al uso, a menos que saliera de la imaginación de Julio Verne o de uno de esos prototipos de Leonardo Da Vinci.

En Pakistán se dispararon las alarmas. India y Pakistan estaban en un momento tenso, para encima descubrir que los hindúes poseían aparatos raros, posiblemente máquinas de guerra aéreas con las que atacarles. En los EEUU el revuelo atrajo la atención de los servicios de inteligencia, provocando que se interesaran de inmediato por la noticia, mientras que en la India reconocieron aquellas formas. Dos objetos completamente anacrónicos y que aún así, allí estaban. Eran dos vimanas. Los carros voladores de los Dioses. Unos “trastos” ancestrales y casi mitológicos que se habían visto volando en pleno siglo XX.

Ahora es cuando hemos de remontarnos en el tiempo 4.000 años. Haremos un poco de Indiana Jones para descubrir qué eran esos ingenios voladores. Para empezar, hemos de desempolvar antiguos textos sánscritos, en los que hace referencia a estos carros voladores de los dioses, los vimana, catalogados en cuatro modelos básicos: el sakuna, el rukma, el tripura y el sundara.

El sakuna tenía treinta y dos motores y alas a modo de pájaro, muy parecidos a nuestros aviones F14. Los rukma poseían una forma cónica, de cuatro pisos y color dorado. Los tripura eran más parecidos a un zeppelín (estos fueron los fotografiados en el desierto de Thar), con de tres pisos y con ruedas retráctiles. Y por último el sundara, este sí podría decirse que era lo más parecido a un ONVI, pero con forma cónica y chata sin llegar a ser esférico. Estos son los cuatro modelos básicos de vimanas, que a su vez se subdividirían en 113 modelos más con ligeras alteraciones de estructura.

¿Pero dónde se cuenta todo esto?

Ya hay descripciones de ellos en el Mahabharata y en el Ramayana, relatos épicos de los dioses hindúes escritos en sánscrito.

El Mahabharata es la clave del hinduismo. Contienen más de 100.000 versos, o lo que es lo mismo, cuatro veces La Biblia u ocho veces más largo que la Ilíada y la Odisea. El Mahabharata es una historia de reyes, sabios, dioses y demonios, pero no como tenemos conocido por nuestra educación católica, ya que estos dioses eran más humanos de lo que os podéis imaginar.

El Ramayana cuenta la historia del rey-dios Rama, y cómo su esposa Sita es raptada por el malo de turno, un demonio llamado Ravana, que se la lleva a la isla de Sri Lanka; Rama consigue que le ayuden en su misión de rescate una tribu de monos liderados por Sugriva y Hanuman, y juntos construyen un puente que conecta con la isla, le dan estopa al Ravana hasta hacerle saltar las muelas del juicio, rescatan a la chica y vuelan todo en el más puro estilo de Michael Bay.

Estos textos fueron escritos en el año 2000 AC, y cuentan lo que sucedió 2000 años antes, con lo que estaríamos hablando que ambas historias sucedieron 4000 años antes de Cristo, donde los dioses surcaban los cielos (y el espacio) de la India, montados en sus vimanas.

Estos libros, al igual que la Biblia, te los puedes creer o no, pero lo interesante es un tercer libro que se encontró en la Biblioteca Real de Sánscrito de Baroda, India, en el año 1908, que se titulaba Vymaanika-Shaastra o traducido: Tratado de Aeronáutica.

El libro es un alucinante y complejo manual de vuelo para pilotos y mecánicos, donde se explica cómo construir estos aparatos voladores, que comienza con la siguiente cita:

Trataré de la ciencia de la Aeronáutica, la esencia de los Vedas, y ésta será una fuente de alegría y beneficio para la Humanidad porque facilitará viajes suaves y confortables de mundo a mundo por el cielo”.

No hay que ser muy listo para deducir que en éste libro se daba por hecho que el hombre podía fabricar aparatos voladores, pilotarlos y no solo viajar de un punto a otro del mapa, sino que además lo podría viajar en ellos de un planeta a otro.

Se especifica también en estas páginas, que enseñarán el secreto de la construcción de aeronaves que no se rompen, que no se pueden cortar, ni incendiarse, ni destruirse.

El Vymaanika-Shaastra se escribió en 1875, y se basa en un texto sánscrito del siglo primero de nuestra era cristiana. Esto es, muchísimo antes de que los Hermanos Wright, fabricantes de bicicletas, pensaran en 1903 en la forma de hacer que el hombre pudiera volar. De que se inventara el primer avión.

Volviendo al Mahabharata, en ese texto se cuentan las guerras entre los dioses y los asuras (los demonios hindúes). En estas guerras se destruían ciudades enteras hasta reducirlas a polvo, utilizando los vimanas y un tipo de armamento que hoy podríamos calificar de armas atómicas; en el Ramayana ocurre algo muy similar, ya que en pos de rescatar a Sita, el rey-dios Rama realiza un ataque aéreo sobre la isla de Lanka utilizando rayos mortales hasta hacer desaparecer al último de los asuras, tras destruir todo lo que se menea.

En los años 20 del siglo pasado, cuando aún la India era Británica, muchos fueron los científicos y arqueólogos que se intentaron en desvelar los misterios del Vymaanika-Shaastra. ¿Sería posible reconstruir uno de esos fantásticos aparatos voladores? Tenían el manual de instrucciones, así que, ¿por qué no hacerlo? Recordemos que no se hablaba de conceptos raros, ni cosas paranormales, era un manual de construcción en toda regla. Se hablaba de la construcción de máquinas voladoras e indestructibles.

En el primer capítulo del libro se explica las funciones del piloto: Conocimientos y Entrenamiento. Rutas aéreas. Diversas zonas de la aeronave. Vestimenta de los pilotos y régimen alimenticio; en el capítulo dos se hace referencia a metales, espejos y lentes. Espejos parabólicos para concentrar radiaciones solares. Neutralización de fuerzas destructivas; en el cuarto capítulo se habla de las fuentes de energía… en el quinto se habla de los motores, demoninados “yantras”.

Este capítulo es de los más difíciles de traducir, ya que se encuentra escrito en sánscrito técnico muy especializado. En el quinto capítulo se hacen alusiones a motores de vértice de mercurio y se mencionan los diferentes usos de los cristales de cuarzo, llamados “mani”.

El yantra está equipado con seis mani. Uno de ellos se encuentra en una vasija provista de ácido sulfúrico, mientras que otros deben colocarse en el foco de un espejo parabólico, que a su vez están interconectados por cables eléctricos. Los cristales de cuarzo son grandes conductores de energía e información. Nuestros pc’s utilizan entre sus componentes el cuarzo. ¿Se conocían las propiedades del cuarzo hace cuatro mil años?

El último capítulo explica las formas de los cuatro vimanas de las que os he hablado antes: el sakuna, el rukma, el tripura y el sundara. ¿Es posible que los hindúes hayan conseguido, allá por 1985, crear dos vimanas siguiendo ese manual de instrucciones antes mencionado y hacerlos volar con éxito? ¿O quizá siguiendo las pistas, descubrieron y desenterraron dos de esos ingenios a los que sólo necesitaron hacerles pasar por la ITV para que volvieran a volar?

Es increíble pensar tras haber visto muchas producciones de Bollywood, donde cantan como gatos atropellados y bailan con unos movimientos dignos de un ataque epiléptico, que una religión tan milenaria posea una tecnología del futuro utilizando los recursos ya existentes en nuestro planeta. Esta gente no esperó a que dos marcianos beodos se estrellaran en Roswell para hacerse con una tecnología completamente revolucionaria, capaz de provocar un paso de gigante en el conocimiento de la Humanidad (o de los americanos).

Pero en la india no sólo se dedican a cantar en la industria del cine. Al igual que en otras producciones mundiales, hacen sus dramas, sus thrillers, sus películas de terror (con más o menos acierto), e incluso sus adaptaciones de estos textos antes citados, el Mahabharata y el Ramayana, donde podemos ver esas guerras entre los dioses, con superpoderes que recuerdan al cine nipón (y muy pocos medios amén de unos cromas cutres de narices), volando en sus naves espaciales, volando en los vimanas.


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