Jueves, 17 de enero de 2008
CrÃtica: A la caza

Título original: Cruising
Director: William Friedkin
Género: Thriller
Duración: 98 min
Año: 1979
Intérpretes: Al Pacino, Paul Sorvino, Karen Allen, Don Scardino
Dvd en edición especial ya a la venta.
Recién sacada del horno del DVD, A la Caza se revela como un thriller no redondo, pero sí merecedor de la etiqueta de muy interesante, pleno de ese añorado sabor setentero que tanto se echa de menos. Este cine sustituye el ruido y la acción por furia -la de un realizador, William Friedkin, en pleno uso de sus facultades- y sobre todo, una voluntad de explorar ciertos límites de la narración convencional de un género, el de intriga, manifiestamente inclinado a dar las cosas bien masticaditas (aunque me viene a la cabeza la espléndida Zodiac, para corregirme a mí mismo).
Basada en una novela de Gerald Walker convenientemente tamizada por Friedkin con diversos artículos sobre bares sadomasoquistas de su momento, por aquello de su búsqueda de la inmediatez, el argumento de A la Caza es bien simple: Steve Burns (Pacino) es un detective al que se le encomienda la misión de infiltrarse en la comunidad gay de Los Angeles para destapar la identidad de un furibundo asesino de homosexuales.Â
La excelente, malsana y oscura ambientación en locales gay de la obra (que bien le valieron una serie de innecesarias manifestaciones de colectivos homosexuales en la época) es tan sólo el telón de fondo de una intriga de asesinatos extremadamente simple, pero también sucia, tensa y de algunas ramificaciones complejas.
Friedkin aprovecha su propio guión para tratar de trascender las convencionalidades del género al que, por otro lado, se aferra con absoluta vehemencia: sin ánimo de destripar el film, la presencia de más de un asesino, el descenso a los oscuros abismos de la identidad del joven policía (intenso, pero comedido Pacino), y la constatación de la presencia de zonas oscuras en la identidad humana (que bien poco tienen que ver con ser gay o no) son el punto fuerte de un thriller sólido, que no obstante revela flaquezas en unos diálogos elementales (uno nunca puede dejar de pensar que es Friedkin el que habla en boca de todos sus personajes, lo que contradice su necesidad eterna de realismo) y en su en ocasiones, efectivamente tendenciosa irascibilidad -típica, también, de su director y su carácter…-.
No obstante, A la caza es un efectivo ejemplo de como una serie de realizadores supieron relanzar el cine en un momento privilegiado de creación industriosa y artística. El mal rollo de algunas de sus escenas, su explícita recreación de los locales que recorre el torturado protagonista, y la sorprendentemente gráfica descripción de la violencia -impagables y duros los asesinatos, también como en Zodiac- y el  sexo entre hombres convierten al film en un artilugio notable.
Al final, Pacino se mira a sí mismo al espejo, y mira a cámara directamente, inquiriéndonos, como afirma el mismo Friedkin, sobre si realmente alguna vez podremos conocer a la persona que tenemos enfrente. Im-presionante.

Comentarios
28 de marzo de 2008 - 3:58 pm
[...] anteriores, remitiendo su estilo claramente a la sequedad del cine de creadores como Friedkin (A la caza) o Sidney Lumet (Antes que el diablo sepa que has muerto). Es precisamente con esta última cinta [...]