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Martes, 8 de enero de 2008

Edgar Alan Poe, el poeta del terror (II parte)

Edgar Alan Poe

(… continuación de la primera parte)

Al poco tiempo, su madrastra falleció de tuberculosis (al igual que su madre biológica), y volvió a hundirse en su oscuridad, regresó a su casa y se reconcilió, aunque sólo momentáneamente con su padrastro, al que le prometió ingresar en la academia militar de West Point. El ejército siempre le atrajo. Corría el año 1831, y la relación entre padre e hijo nunca fue buena, así que gracias a las influencias de su padre, consiguió entrar en la academia, aunque Edgar hizo lo imposible para que un año más tarde le expulsaran de West Point, de la que marchó con el pesado capote de cadete, que le acompañaría el resto de su vida.

De ahí se trasladó a Baltimore. Se fue a vivir con su tía Clemm, y fue en Baltimore donde se enamoró perdidamente de quien años más tarde sería su esposa, Virginia, su prima.

En 1832 trabajó en varios periódicos publicando relatos y ocupando cargos importantes, pero no fue hasta un año después, 1833, cuando el mundo conoció por fin al escritor que era Edgar Alan Poe. Participando en un concurso del periódico Messenger, consiguió ganar el primer premio con su relato Manuscrito Hallado en una Botella.

Todo parecía ser brillante para el joven escritor. Las críticas a sus relatos eran grandilocuentes, y fue en 1834, cuando falleció su padrastro y tal como había dicho en aquel 1812, cuando le recogieron del orfanato, no hubo herencia para Edgar, y volvió a caer en una depresión de la que sólo el rostro de su amada Virginia, consiguió rescatarle.

Al año siguiente y en secreto, se casaron. Virginia contaba con 13 años y Edgar 26. Virginia era y fue siempre, su Annabel Lee, y en 1936, se descubre el matrimonio secreto entre los primos. Pese al escándalo de la época, consiguen normalizar la relación con el beneplácito de su tía Clemm.

Los relatos de Poe hicieron que las tiradas de las subscripciones a los diferentes periódicos para los que escribía se duplicaran, triplicaran y quintuplicaran. Todos querían tener a Edgar Alan Poe en sus páginas, bien fuera con un relato corto o con una crítica literaria.

El joven matrimonio viaja a Nueva Cork, en la que se instalan y en 1839 decide publicar un libro. Un recopilatorio de sus mejores relatos al que llamó Cuentos de lo Grotesco y lo Arabesco. Perteneciente a las Narraciones Extraordinarias, fue como cabía esperar… un éxito de ventas. Tras tantas vicisitudes y calvarios, Edgar volvía ha ser feliz, hasta que una mañana, Virginia cayó enferma tras vomitar sangre.

Bien sabía de lo que se trataba. Su madre murió de la enfermedad, su madrastra también, y era ahora su joven esposa Virginia, quien sufría de la infame enfermedad de la tuberculosis. Edgar volvió a beber. Su vida volvía a quebrarse de igual forma que la salud de Virginia, a la que se dedicó en cuerpo y alma, escribiendo un relato aquí y otro allá, simplemente para pagar sus deudas.

Fue en Enero de 1845, cuando terminó tras mil y una reescrituras, aquella pesadilla que le había estado acosando durante meses: El Cuervo. Un cuervo que quiere arrastrarle al más allá, que quiere arrebatarle la vida de su amada. El Cuervo fue su obra cumbre. La fama regresó, se publicó una segunda entrega de las Narraciones Extraordinarias, y todos quisieron conocerle. Le contrataron para hacer giras como orador, en las que leía con su propia voz los terroríficos relatos que había engendrado su cerebro.

Edgar, según muchos escritores, tenía una voz bella con la que cautivaba al público que llenaba sus conferencias… y así vivió durante dos años, hasta que una mañana de Enero de 1847, Virginia le abandonó. Falleció a los 25 años, y él se volvió a encerrar bajo su capote de cadete. Dejó de hablar durante días, y volvió a buscar refugio en el alcohol. Por fin la vida le había despojado de todo. Los seres monstruosos que había creado, volvieron para cobrarse su deuda. Intentó escribir, vender algún relato, recuperar aquel amor de juventud que sus padres le negaron.

Sarah Elvira Royster…

Y en 1849 Sarah y Edgar volvieron a estar juntos. Los recuerdos del primer amor seguían tan frescos como cuando les obligaron a separarse. Se hicieron planes de boda. Edgar sabía que con ella podría volver la esperanza y una luz cálida a su vida. Tiene 40 años en ese momento, y los periódicos que se pegaban para contratarle, ya no le quieren. Fracasó intentando sacar a la luz una publicación propia. En medio de la ruina más absoluta, ahí está ella, Sarah, su amor de la infancia que aún le ama.

Por fin acuerdan una fecha. El 17 de Octubre de 1849.

Lleno de felicidad por el acontecimiento, y esperando que la vida vuelva a darle una segunda oportunidad, Poe decide hacer un viaje a Baltimore para darle la buena nueva a sus amigos. Viaja a Blatimore a principios de Octubre…

Nadie sabe qué fue lo que sucedió en esos días. Su pista se pierde en las calles de la ciudad, y en una de ellas, en la calle más infecta de todas, entre la basura y sus propios orines, heces y vómitos, fue encontrado un 3 de Octubre en pleno deliro alcohólico vistiendo unas ropas que no eran las suyas.

Edgar Alan Poe es ingresado en el Washington Collage Hospital, y allí todos sus demonios salieron por su boca y le poseyeron. Blasfemaba, escupía al personal que le atendía, que intentaba recuperarle de las sombras en las que estaba ahogándose… hasta morir recitando una frase de uno de sus personajes de La Narración de Arthur Gordon Pym: “¡Que Dios se apiade de mi pobre alma!”

Mucho se ha especulado desde entonces en busca de una causa racional, a su muerte a la que llegó gracias al delirium tremens. Se ha hablado de una posible diabetes, de una deficiencia en un tipo de encima, o incluso de que Edgar tuviera la rabia, pero sólo él y sus fantasmas, son los poseedores de una verdad que escapa a la ciencia humana.

El Poeta del terror se convirtió entonces en leyenda, y de él bebieron Howard Phillips Lovecraft, Mark Twain y muchísimos escritores de terror hasta nuestros días. En España dignos sucesores de él fueron Pío Baroja o Blasco Ibáñez.

Edgar Alan Poe fue, y es a fecha de 2008, el mejor.

Junto con Mary Shelley, fueron los precursores de la “literatura científica”, hoy conocida como Ciencia Ficción. Fue el precursor de los relatos detectivescos como bien dejó plasmado en El Escarabajo de Oro, o en otros relatos que protagonizó Auguste Dupin en Los Crímenes de la Calle Morgue, La carta Robada o El Misterio de Marie Rogêt, del que muchas fuentes aseguran que Sir Arthur Conan Doyle se fijó para la creación del mejor detective del misterio: Sherlok Holmes, o en los contenidos de humor negro de sus Cuentos Grotescos que encendieron las mentes de los poetas surrealistas, o el mermerismo ( la capacidad de poder curar a toda persona, gracias a su magnetismo animal), una corriente de aquella época de la que Poe hizo alarde de saber lidiar mejor que su propio creador, el alemán Franz Mesmer, padre de la hipnosis moderna.

Aunque nadie pudo curarle.

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Comentarios

1
Edgar Alan Poe, el poeta del terror
8 de enero de 2008 - 11:05 am

[...] (Continuación …) Otras entradas que te pueden interesar…:Edgar Alan Poe, el poeta del terror (II parte)Eli Roth anuncia Trailer TrashAlan Moore se desvincula de la película de WatchmenCrítica: Arma Fatal¿Segunda parte de Serenity?Arma Fatal, de Edgar WrightSam Raimi vuelve al terrorParking 2, produce Alexandre AjaWatchmen, otro gran comic llevado a la gran pantallaTrailer de My Name is Bruce [...]

2
Poe ¡No siento las piernas!
4 de febrero de 2008 - 1:07 pm

[...] Hace unas semanas se me cruzaron los cables y creí interesante hacer un paseo por la oscura vida de Edgar Alan Poe (que podéis leer aquí y aquí). [...]

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