Miércoles, 2 de Enero de 2008
Crítica: Ararat

Título original: Ararat
Año: 2002
País: Canadá, Francia
Duración: 126 min.
Género: Drama
Director y guión: Atom Egoyan
Intérpretes: David Alpay, Arsinée Khanjian, Christopher Plummer, Charles Aznavour, Marie-Josée Croze, Eric Bogosian, Brent Carver, Bruce Greenwood, Elias Koteas, Simon Abkarian, Lousnak, Raoul Bhaneja
Fotografía: Paul Sarossy,
Música: Mychael Danna
Montaje: Susan Shipton
Dirección artística: Phillip Barker,
Fecha de estreno en España: 08/08/2003
Web oficial: http://www.miramax.com/ararat/index.html
Tras comentar ayer mismo, no sin cierta decepción, mis primeras impresiones sobre El destino de Nunik, me ha sido imposible pasar de largo sin hacer algún apunte al menos sobre una película que ya había sentado un magnífico precedente a la hora de abordar el genocidio que sufrió el pueblo armenio en los comienzos de la 1ª Guerra Mundial.
A diferencia de la cinta de los Taviani, el director canadiense, natural del Cairo pero de de ascendencia armenia, Atom Egoyan, descarta realizar una simple historia de ficción lineal y melodramática sobre este crimen colectivo aún no reconocido por Turquía, para embarcarse en una empresa de una complejidad abrumadora, como es la de, no sólo dar testimonio sobre los hechos, sino explorar en las consecuencias traumáticas que han padecido las posteriores generaciones, reflexionando sobre los modos de sobrevivir a la memoria y al pasado.
Con este ambicioso objetivo, Egoyan erige un andamiaje complejísimo tanto en lo narrativo como en lo conceptual, montando una trama de mil cabezas en la que los personajes se debaten en la resolución de sus conflictos internos a la vez que, en un ejercicio de metalenguaje, nos hace espectadores del rodaje de un film sobre el propio genocidio, que funciona como el alter ego de la película real y sirve como aglutinante de esta historia de historias.

Es precisamente la parte que recrea el rodaje de la película la que abunda en los aspectos más objetivos o documentalistas, mientras que la parte más estimulante para quien escribe reside en el resto de las tramas que se desarrollan en torno a las relaciones y vivencias de los personajes detrás de esas cámaras de ficción. Relaciones que dejarán al descubierto los fantasmas que aún perviven en la psique colectiva de los herederos de aquel horror silenciado.
Lo más doloroso de las guerras no es, como se llega a decir en la propia película, la cantidad de muertos que quedaron en el camino, sino la consciencia de saberse tan odiado y seguir siéndolo, por mucho que se niegue. Y ese odio engendra a su vez ira y odio en la parte humillada, de tal manera que los supervivientes se encuentran estigmatizados por el hecho se sentirse depositarios de esa memoria, y, por consiguiente, obligados a restituir el honor haciendo público testimonio de la verdad.
Es aquí donde se efectúa una profunda reflexión sobre las diferentes formas en que cada personaje busca la reconciliación con su pasado y el que se supone debe ser su obligado cometido testimonial.

Llegados a este punto, las interrogantes que Egoyan plantea sobre cómo hacer frente a la genealogía de los sentimientos se suceden.
La obsesión con los recuerdos del genocidio hipoteca la capacidad de pensar y sobre todo de sentir en libertad, sumiendo a los protagonistas en una búsqueda infructuosa y desconsoladora por encontrar un sentido a unas muertes que no tienen más sentido que el consustancial a la muerte.
La diversidad laberíntica de las tramas que se entrelazan y los continuos flash-back obligan a prestar una atención extrema, y así lograr montar el abigarrado puzzle, que en algún momento parece desbordar de piezas.
De cualquier manera, poco a poco, tras el desconcierto inicial, las piezas van encajando y terminan por mostrarnos un rico paisaje con muchísimos relieves y repleto de matices, que compensa el esfuerzo realizado.
En definitiva, una obra mayor imprescindible para los interesados en este fatal episodio histórico que, a juzgar por lo visto, tardará muchísimo tiempo en encontrar un digno relevo.

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Comentarios
18 de Enero de 2008 - 8:31 pm
[...] Título original: Ararat Año: 2002 País: Canadá, Francia Duración: 126 min. Género: Drama Director y guión: Atom Egoyan Intérpretes: David Alpay, Arsinée Khanjian, Christopher Plummer, Charles Aznavour, Marie-Josée Croze, Eric Bogosian, Brent Carver, Bruce Greenwood, Elias Koteas, Simon Abkarian, Lousnak, Raoul Bhaneja Fotografía: Paul Sarossy, Música: Mychael Danna Montaje: Susan Shipton Dirección artística: Phillip Barker, Fecha de estreno en España: 08/08/2003 Web oficial: http://www.miramax.com/ararat/index.html Crítica de Ararat [...]