Martes, 1 de Junio de 2010
Showgirls: el imperio de la carne

Showgirls de Paul Verhoeven oficialmente está considerada como la peor película de la década de los 90. Todo el mundo le achaca su inexistente guión, sus ridículos diálogos, las interpretaciones penosas, y muy especialmente, el constante exceso de sexo gratuito. Pero no solamente el vapuleo de la crítica fue unánime, sino que el público en general no se sintió atraído a pasar por taquilla para ver esta película-escándalo ideada por el holandés Verhoeven y su guionista, el húngaro Joe Eszterhas, dos mentes europeas que disfrutaban de lo lindo poniendo en entredicho los valores y tabúes morales de unos hipócritas Estados Unidos.
Y digo hipócritas porque, si bien el film fue un fracaso de taquilla, las ventas en vídeo hicieron de ‘Showgirls’ una de las películas más rentables del ahora maltrecho estudio MGM. Los contínuos pases nocturnos de fin de semana en los típicos cines frikis de EEUU han convertido a esta película en una auténtica cult-movie, que ha merecido en EEUU ediciones especiales en DVD con unos cubrepezones como regalo. Incluso en nuestro país, hemos recibido una edición especial propia en DVD hace apenas unos días. Y aquí llega la gran pregunta: si ‘Showgirls’ es tan mala, ¿por qué hay tanta gente que sigue queriendo tenerla en su casa y/o verla en el cine?
La respuesta inmediata que a uno se le ocurre es bien sencilla: por el constante desfile de culos y tetas que corresponde a una película ambientada en el mundo de los espectáculos de top-less de Las Vegas. Pero es una respuesta a medias, ya que lo que enseña ‘Showgirls’ en realidad es bastante suave teniendo en cuenta las cosas que uno puede ver en cualquier cinta porno rodada y distribuida en los States. Por tanto, el otro motivo que a uno se le puede ocurrir sería el siguiente: la película es tremendamente entretenida, y (ahora sí) encima salen tías en pelotas sin ningún tipo de pudor.
Y es que ciertamente Showgirls está terriblemente bien rodada, gracias al dominio del ritmo y la planificación que tiene Paul Verhoeven, apoyado en un vertiginoso trabajo de iluminación y cámara por parte de su director de fotografía, el alemán Jost Vacano, un auténtico maestro de la steady-cam como ya se pudo ver en otras películas suyas como ‘El submarino’ de Wolfgang Petersen. Y por supuesto, están las espectaculares coreografías de las ‘showgirls’ que dan título a la película. No que es que dichas coreografías sean las de ‘Cantando bajo la lluvia’ precisamente, pero se ajustan a la perfección al tipo de espectáculo y ambiente que pretenden recrear.
Sobre el guión, pues no hay más remedio que darle la razón a la crítica: es malo hasta decir basta, con personajes y situaciones que escapan fuera de toda lógica. Podemos aducir el manido argumento que esgrimen los defensores del director holandés, que dice que la peli es en realidad una sátira y no hay que tomársela como un film ’serio’. Creo que hay buena parte de verdad en este razonamiento, la película nos describe una sociedad donde la mujer es un trozo de carne que no tiene más remedio que vender su cuerpo para escalar puestos a nivel social. Eso en el caso de que sea bonita, claro, ya que de lo contrario sólo queda degradarse como mujer, como hace la obesa que cuenta chistes ultra machistas en el antro donde la protagonista se inicia en el zorrerío de Las Vegas.
Pero claro, la sátira es un terreno donde hay que tener cierta elegancia, así que probablemente, la visceralidad de Verhoeven junto a la incompetencia de Eszterhas como guionista no consiguen sino hacer fracasar al producto de manera global. Lo que queda entonces es una película llena de actuaciones tan exgaradas que no provocan otra cosa sino estupefacción e hilaridad, en manos además de actores tan acartonados como Elizabeth Berkley o Kyle MacLachlan, llegando a su cénit en el célebre polvo-pez de la piscina. Seguramente lo esperpéntico de la situación (así como la repelencia de los actores) forme parte de las intenciones del holandés, pero es que el tono hortera y ridículo de la escena se le va de las manos y uno acaba riéndose de la propia película en vez de ‘con ella’.
Aún así, todo este sindios está tan magníficamente llevado a la pantalla, que uno no puede sino admirar la talla de un cineasta como Verhoeven, que rueda con la misma energía y convicción tanto un guión sugerente como una solemne tontería como la que nos ocupa. Es por ello que, liberándose uno de prejuicios, se puede disfrutar del arte que hay dentro de ‘Showgirls’ y de la fuerte personalidad que imprime en ella su director, trascendiendo la monumental mamarrachada que Eszterhas ha tratado de colarnos como libreto. Y es que la mejor manera de valorar esta película es entender la coherencia que tiene dentro de la totalidad de la filmografía de Paul Verhoeven, en cuyos títulos holandeses podremos rastrear los verdaderos orígenes de lo que el director pretendía contar con ‘Showgirls’, antes de olvidársele por el camino, claro.
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Comentarios
1 de Junio de 2010 - 3:24 pm
Esta es por lejos la peor pelicula que he visto, una porno tiene mas trama y sentido
2 de Junio de 2010 - 12:37 pm
Nunca me llamó la atención. Pero habrá que verla… más vale tarde que nunca.
Lo de los cubrepezones supongo que serán unos pasties