Martes, 4 de Mayo de 2010
Pirri, un quinqui para la eternidad (I)

El próximo 10 de mayo se cumplirán 22 años de la desaparición de José Luís Fernández Eguia ‘Pirri’, uno de los personajes más singulares que tuvo el cine y la televisión española durante los años ochenta. Secundario robaplanos de un buen puñado de películas, muchas de ellas relacionadas con el subgénero ‘quinqui’, su desparpajo, carisma, peculiar dicción y dominio de la jerga callejera le han convertido en un mito de la marginalidad de aquella época, que él supo retratar casi siempre con una cara bastante amable, pese a la sordidez de los ambientes de los que procedían él y sus personajes (que casi siempre eran la misma cosa).
Los datos de su biografía a menudo resultan discutibles, ya que al parecer nadie se ha molestado nunca en investigar en serio la vida de este chico. Nacido en Vallecas en 1965 (otros dicen que provenía de San Blas y/o que nació en 1967), Pirri era amigo de la infancia de José Luís Manzano (otro chico de la calle que dio el paso al cine), con el que compartía sus orígenes marginales, y también actividades delictivas desde una edad bastante temprana. Otras versiones dicen que ambos no se conocieron hasta el rodaje del film del que hablaremos a continuación. El caso es que cuando, en 1980, el director Eloy de la Iglesia fichó a Manzano para la película ‘Navajeros’, no pudo evitar fijarse también en el otro José Luis que le habían traido los del cásting. Pirri era un chaval que ya entonces llamaba la atención por su carácter extrovertido y simpático, y que ya entonces poseía sus particulares señas de identidad: el acento protoyonqui madrileño, el léxico callejero, la melenilla rubia y los piños partidos. ‘Navajeros’ sería la primera película de los dos José Luís:
Presumiblemente, a través de Eloy de la Iglesia Pirri contactaría con otras gentes del cine, necesitadas de actores creíbles para interpretar a personajes provenientes de ambientes problemáticos. La fama de la naturalidad de Pirri ante las cámaras se extendió rápidamente, y pronto encontró otro pequeño papel en ‘Maravillas’ de Manuel Gutiérrez Aragón, también de 1980. Aquí, Pirri haría gala por primera vez de su dominio de la jerga barriobajera, enzarzándose incluso en una pequeña pelea a navaja con Quique San Francisco:
Para entonces, había quedado claro que Pirri era el actor quinqui ideal. Su presencia, paradigma de lo ‘auténtico’ en el amplio sentido de la palabra, siempre llamaba la atención y era capaz de ganarse la simpatía del espectador desde el primer momento. Por contra, dicha presencia quizá era demasiado intensa y poco dada a los matices interpretativos necesarios para interpretar un papel protagonista, por no hablar ya del absoluto encasillamiento que le suponía su aspecto y su manera de hablar. Pero bueno, eso nunca ha sido problema para desarrollar una carrera en el cine, aunque ésta sea breve.
En 1981, Pirri se reúne de nuevo con Eloy de La Iglesia para un pequeño papel (en la misma línea de siempre) en ‘La mujer del ministro’, protagonizada por la única Miss Mundo española, Amparo Muñoz. En 1982, también con De la Iglesia, vuelve a tener un memorable pequeño papel en ‘Colegas’, haciendo de hermano de su colega José Luis Manzano. De nuevo, Pirri funciona como secundario casi cómico en esta suerte de drama social de juventudes sin futuro, ofreciendo la réplica simpática a los eternamente tristes ojos de José Luis Manzano:
Para este año de 1982, Pirri estaría ya metido de lleno en un mundo que, a la postre, significaría el fín de su carrera y de su propia vida: la heroína. Esta lacra, que tantos estragos causó entre la juventud de aquellos años, no podía pasar de largo en una vida como la de Pirri, que transcurría a pie de calle en ambientes económicamente deprimidos y sin perspectivas de futuro. Una vida dedicada a obtener un placer inmediato sin pensar en las consecuencias, como consecuencia de la falta de educación e información. Por desgracia, no fue el único de sus amigos y compañeros en caer: tanto José Luis Manzano como Antonio Flores (que también participó en ‘Colegas’) sufrieron la adicción a la heroína hasta sus últimas consecuencias, mientras que Eloy de la Iglesia, consumidor habitual de caballo durante toda esa década, logró desengancharse en los 90.
Precisamente, en su siguiente película, de nuevo con Manzano y De la Iglesia, Pirri interpretaría a un personaje que sufre junto a Manzano los efectos de la adicción al jaco. Se trata de ‘El pico II’ (1984), cinta donde al fín se explotan al máximo los vínculos personales entre los dos José Luís, consiguiendo una singular pareja de caracteres complementarios que es, sin duda, lo mejor de la película:
Tras este papel, Pirri obtendría al año siguiente su gran oportunidad cinematográfica al interpretar su primer papel protagonista. Quedaba por ver si el chaval era capaz de ser algo más que un secundario cuya única función era la de dar credibilidad a los dramas de otros.
Continuará …
También en Notas de Cine | Recordando a José Luis Manzano
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Comentarios
10 de Mayo de 2010 - 4:24 pm
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10 de Julio de 2010 - 1:24 pm
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