Domingo, 8 de febrero de 2009
¿Por qué algunos remakes de clásicos del fantástico terminan bien?

Los fans del fantástico deben estar hartos de las frecuentes versiones de películas clave del género. Aunque perfectas técnicamente hablando, muchas de ellas resultan demasiado asépticas como para superar a las originales. En este sentido, cabe destacar la sosería que exudan las recientes Invasión, versión del libro Los ladrones de cuerpos de Jack Finney que ya trasladaran a la pantalla grande Don Siegel, Philip Kaufman o Abel Ferrara, y Soy leyenda, adaptación de la novela homónima de Richard Matheson ya llevada al cine por Sidney Salkow y Boris Sagal.

Oliver Hirschbiegel, realizador de Invasión, nos sumerge en una aventura donde la psicóloga protagonista descubre que las emociones van desapareciendo en todos aquellos que se encuentran a su alrededor. La culpa es de una espora del espacio que ha llegado a nuestro planeta y que convierte a los humanos en seres desprovistos de personalidad. Contra todo pronóstico, un niño, el hijo de la doctora, será la clave para la salvación del mundo. Pese a contener una reflexión sobre el excesivo poder que delegamos en los políticos, la cinta poco o nada tiene que ver con el mensaje mucho más pesimista de las tres primeras adaptaciones del texto literario, donde los humanos parecían estar irremediablemente condenados a convertirse en una tribu de seres sin alma provenientes de vainas extraterrestres.

Estos largometrajes contenían además verdaderas metáforas de los males que acechaban a la sociedad en cada época. En los cincuenta, se quiso ver en La invasión de los ladrones de cuerpos, la cinta realizada por Don Siegel, un retrato de la terrible homogeneización que promovían los regímenes totalitarios.

Más de veinte años después, en 1978, Philip Kaufman utilizó la misma historia como reflejo de la paranoia que surgió en los Estados Unidos tras el Watergate en La invasión de los ultracuerpos. Ya en los noventa, Abel Ferrara volvió a tratar el tema en The Body Snatchers, aunque situando la trama en una base militar, símbolo del poder excesivo del ejército.

Por otra parte, Soy leyenda, la cinta dirigida por Francis Lawrence, trastoca el argumento de la novela en la que se inspira para encarrilar la película hacia un happy end demasiado esperanzador . Richard Matheson, autor del libro en el que se basa el filme, consideró a su protagonista, Neville, como el último hombre vivo en un planeta, la Tierra, asolada por antiguos seres humanos convertidos en monstruos a causa de un virus.
Este aspecto se conservó en las diferentes adaptaciones del filme realizadas por Sidney Salkow (The Last Man on Earth) y Boris Sagal (El último hombre…vivo). De esta manera, el sacrificio del protagonista suponía la muerte de lo que llamamos Humanidad.
A diferencia de sus predecesoras, en la película dirigida por Francis Lawrence, Neville, como un nuevo Cristo, se sacrifica para salvar a los pequeños grupos de terráqueos y dar al mundo una nueva oportunidad.
En definitiva, los remakes de Hirschbiegel y Lawrence nos muestran una sociedad que, a diferencia de las versiones previas, se sobrepone a la adversidad. Pese a no encontrarnos en un momento mejor que el de hace cuarenta o cincuenta años, ambos largometrajes prefieren calmarnos en vez de inquietarnos, algo que sí hacían sus precedentes cinematográficos. Sin embargo, ¿no supone la globalización, en el peor sentido del termino, una pérdida de los valores típicamente personales del individuo? ¿No es acaso la eliminación de lo que nos hace únicos el gran tema de las primeras versiones en pantalla grande de las novelas Los ladrones de cuerpos y Soy Leyenda? Entonces, ¿por qué nos ofrecen finales felices cuando la situación en este aspecto parece haber empeorado en las últimas décadas?
Tráiler de Invasión
Magnífico final de La invasión de los ladrones de cuerpos
Aterrador final de La invasión de los ultracuerpos
Tráiler de Body Snatchers
Tráiler de The Last Man on Earth
Tráiler de El último hombre… vivo
Tráiler de Soy Leyenda




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