Crítica: La herencia Valdemar

La herencia Valdemar, crítica

Título original: La herencia Valdemar
Director: José Luis Alemán
Género: terror, fantástico
Duración: 100 minutos
Intérpretes: Laia Marull, Silvia Abascal, Óscar Jaenada, Eusebio Poncela
La herencia Valdemar, trailer
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Sorprendente apuesta que apunta maneras. Esperamos más en su desenlace, y con ganas.

La herencia Valdemar sorprende por partida doble, o triple. Por un lado, se trata de un film español y de género, resuelto además con la premeditada intención de parecer de otro tiempo, bebiendo de la mitología de Lovecraft –nada menos- en un guión propio. Pero lo más importante es lo positiva que es la impresión general del conjunto, quedando a la espera que la conclusión del film resuelva la historia y aporte a la misma todo aquello que de momento se ha quedado en el tintero.

La Herencia Valdemar no se libra de ciertos defectos, pero se trata de un film tan sincero y entusiasmado en su añejo atractivo, que atrapa pese a los handicaps propios de un film de casi tres horas dividido, literalmente, en dos. Lo bueno es que Alemán no está interesado en dar miedo a la manera actual, vomitando bilis y sangre sobre la juvenil audiencia, pero lo sabe y prefiere crear un clima y una historia tradicional que van desembocando poco a poco en algo terrorífico. La herencia Valdemar es durante su desarrollo una intriga ambientada en el siglo XIX con episodios dramáticos filmada con sencillez, modestia, pero efectividad, además de con un apreciable y romántico aroma a serie B.

De modo que, pese a cierta sensación de que el argumento se podría haber sintetizado más en algunos puntos, e incluso de alguna interpretación que no pasa de correcta por ser, precisamente, demasiado teatral, La herencia Valdemar se apunta algunos tantos bien gordos: para empezar, se molesta en enfatizar su modestia, pero sorprende por lo bien hecha que está. Se sigue con interés en sus dos líneas temporales, deja con ganas de más, y seduce por la buenísima factura técnica con la que Alemán resuelve. De esa manera, los títulos de crédito iniciales sólo pueden ser calificados como emocionantes, y una fenomenal música de Arnau Bataller hace parecer el film el doble de grande en cuanto a presupuesto. La presencia de Paul Naschy es ciertamente carismática, como también las aportaciones de Óscar Jaenada, Silvia Abascal y un divertido Eusebio Poncela.

Pero aquí sobreviene el principal defecto de la cinta, a la que le hubiera venido de perlas algún atajo más atado al puro terror durante sus pasajes centrales, así como un punto más de intensidad en el desenlace. Sobre todo, porque Jose Luis Alemán demuestra un dominio notable de los recursos terroríficos en su versión más primaria durante la primera mitad, golpes de efecto incluidos: sólo esa larga escena inicial con Silvia Abascal penetrando por primera vez en la mansión lo demuestra mil veces, y nos introduce en la película con contundencia y misterio. Pero lo importante es que todo esto se puede resolver –o no- con su segunda parte, y uno se queda con las ganas de ver como resuelve el director la próxima entrega, que promete –y debe- deparar las sensaciones fuertes que quizá le falten al desenlace de esta primera.

La herencia Valdemar es ya, de todas formas, una apreciable sorpresa y uno de los más sorprendentes, valientes y agradables films españoles de los últimos meses. Su peor defecto es que hay que esperar a su desenlace para valorarla totalmente. Pero lo que queda no es pecata minuta.