Sábado, 9 de enero de 2010
Los Goya: presencias extrañas, ausencias destacadas

Como el hermano molesto de Gordos, que en realidad es hijo de otro padre, cada año me siento en la obligación de discutir las nominaciones a los Goya, más que nada por el hecho de que no reflejan el mejor cine realizado en España. Después de que en 2008 se premiara con toda justicia a La soledad, el reparto de cabezones ha vuelto a las andadas del amiguismo y la falta de rigor.
Este año lideran las nominaciones Celda 211, Ágora, El baile de la victoria y El secreto de sus ojos. A las candidaturas de los films de Daniel Monzón y Juan José Campanella, dos demostraciones de profesionalidad con ocasionales ráfagas de talento, pocos se pueden oponer. Eso sí, lo de que Soledad Villamil sea una actriz revelación es más discutible, habida cuenta de que su carrera cinematográfica comenzó hace casi veinte años. Una irresponsabilidad tanto de los que han propuesto su nominación (supongo que los productores del film) así como de los académicos que la han votado.
Más díficil de asumir es la presencia de El baile de la victoria y Ágora. Sin ser dos películas totalmente despreciables, hay demasiada aparatosidad en ellas, y la recepción de crítica y público ha sido cuanto menos tibia, sobre todo en el caso del film de Trueba. Sin embargo, parece que el hecho de ser un cineasta poderoso implica obligatoriamente una nominación a Mejor Película. Es destacable el hecho de que las cinco películas dirigidas por Amenábar la hayan obtenido, y que en tres casos además hayan venido acompañadas de la estatuilla.
La presencia de estos films de producción potente ha dejado fuera de las dos principales categorías a Gordos (aunque al menos opta a otros siete premios) y La vergüenza (que solo compite por la Mejor Dirección Novel), los dos mejores frutos de una cosecha anual que no ha sido especialmente brillante. Tampoco están entre las favoritas Tres días con la familia, Pagafantas (notable ausencia la de Oscar Ladoire) o Yo, también, aplaudidas total o parcialmente por la crítica. De la muy estimable propuesta de género 25 kilates, así como de los últimos trabajos de Isaki Lacuesta o Javier Rebollo (ambos premiados en San Sebastián), no hay ni rastro.
Lo de Pedro Almodóvar es un tema aparte. Está claro que su inclusión en los Goya no depende actualmente de las películas que haga. Los abrazos rotos no carece de irregularidades, pero es la obra de un artista con personalidad y en plena forma. Aunque el compositor Alberto Iglesias o Penélope Cruz sí han entrado en el listado (y la actriz debería ganar otra vez, dado el nivel de sus competidoras), son incomprensibles las ausencias del fotógrafo Rodrigo Prieto o del actor José Luis Gómez, cuyas labores son seguramente las mejores del año en sus respectivos campos. Esperemos que algún día finalice este extraño baile de ausencias y presencias y que los Goya puedan seguir creciendo.
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Comentarios
9 de enero de 2010 - 5:08 pm
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14 de febrero de 2010 - 3:20 pm
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