Sábado, 9 de Enero de 2010
Crítica: El cónsul de Sodoma

Título: El cónsul de Sodoma
Director: Sigfrid Monleón
Duración: 110 minutos
Género: Biopic
Fecha de estreno en España: 8 de enero de 2010
Intérpretes: Jordi Mollà, Bimba Bosé, Álex Brendemühl, Josep Linuesa, Blanca Suárez, Vicky Peña
¿Debo ir a verla? 



Fallido biopic de Jaime Gil de Biedma, uno de los poetas clave de la generación del cincuenta.
Los filmes biográficos de celebridades que pasaron a mejor vida son un género arriesgado y no demasiado agradecido. A poco que el personaje sea mínimamente importante, las malas críticas de aquellos que conocieron al retratado se disparan. Aunque, claro está, hacer una película sobre una personalidad más o menos relevante siempre contiene el plus de la publicidad gratuita que acarrea un nombre famoso. Si a eso le sumamos unos cuantos paseos por el lado salvaje de la vida del personaje y escogemos a un actor más o menos popular para encarnar al biografiado tendremos un largometraje apto para romper en taquilla y cosechar premios.
El cónsul de Sodoma parece reunir todos estos ingredientes. La película nos sumerge en la vida de Jaime Gil de Biedma, uno de los máximos representantes de los escritores de la generación del cincuenta. El encargado de encarnar al poeta es Jordi Mollà, actor español de fama internacional que ha trabajado incluso en Hollywood. El filme, además de incluir fragmentos de muchos de sus poemas, escarba en el lado más morboso de su biografía: su activísima vida sexual y sentimental. Por si fuera poco, el largometraje ha conseguido cinco candidaturas a los premios Goya, entre los que destacan las nominaciones al mejor actor (Jordi Mollà), a la mejor interpretación femenina de reparto (Vicky Peña) y al mejor guión adaptado (Joaquín Górritz, Miguel Dalmau, Sigfrid Monleón y Miguel Ángel Fernández). Como guinda del prefabricado pastel, el largometraje ha contado con un plus de polémica: Juan Marsé, escritor amigo de Gil de Biedma, ha mostrado su disconformidad con la visión del escritor y su entorno que se da en la cinta.
Dejando a un lado que El cónsul de Sodoma siga todos y cada uno de los tópicos que rodean a cualquier biopic, la película se puede considerar como fallida. Poco de lo que ocurre en pantalla resulta verosímil. La ambientación resulta acartonada, las actuaciones de gran parte del reparto no son precisamente de premio y la planificación resulta en algún momento más propia de un telefilme que de un largometraje .
No obstante, la película se sigue con mediano interés gracias a un más que solvente Jordi Mollà que, pese a su histrionismo habitual, resulta cautivador en su papel de Jaime Gil de Biedma. Es verdad que no se parece en exceso al poeta, pero su convicción nos lleva a interesarnos por el personaje . No pasa lo mismo con el resto de sus compañeros, especialmente en el caso de unos despistados Bimba Bosé y Álex Brendemühl, que parecen contagiados por lo apolillado del filme y lo esquemático de sus papeles. Sólo Vicky Peña, que encarna a la madre del protagonista, se libra de la quema.
No, definitivamente, El consul de Sodoma no consigue dotar de verosimilitud la historia que cuenta, aunque su visión sea tan amena como una versión subidita de tono de ‘Cuéntame’. Los que quieran saber algo más de su vida y obra pueden consultar el libro ‘Las personas del verbo’ o el texto autobiográfico ‘Retrato del artista en 1956′. Seguro que se llevan una impresión bastante más acertada del autor de ‘No volveré a ser joven’.
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Comentarios
16 de Enero de 2010 - 10:26 am
Gracias a la película he tenido la oportunidad de poder conocer al biografiado. He comprendido porqué escribía poemas, su deseo de juventud eterna, sus sentimientos, su despecho, su egoísmo y su sensibilidad. El personaje fue Victima de su condición sexual como tantos otros, pero él supo perfectamente desfogar a través de su poesía. Esto es más que suficiente para felicitar a sus creadores e interpretadores, especialmente a Mollá. El cine es, al igual que la poesía, arte. No se trata de calcar, sino de saber expresar creativamente.
18 de Enero de 2010 - 11:47 pm
Estoy de acuerdo con ésta crítica: biopic fallido porque el film, por acartonado, por mal planificado y por irregularmente interpretado también es un producto fallido. Y yo no soy Marsé pero sí un viejo lector de la obra de Gil de Biedma: “Las personas del verbo” y “Retrato del artista seriamente enfermo”. Quien quiera hacerse una idea de quién fue el poeta y el artista, aquí tiene dos obras perfectas para ello. En cuanto al hombre, poco sé de su vida: que fue intensa y sexual, cosa que conoce hasta mi gato, porque Gil de Biedma tenía, como tenemos todos, sexo, y lo utilizó, como utilizó su mente y su corazón.
Y tuvo una vida intensa porque amaba la vida, también como la mayor parte de nosotros.