Domingo, 3 de Enero de 2010
Crítica: Chicago

Revisar Chicago puede ser un buen ejercicio antes del inminente estreno de Nine en las pantallas españolas el próximo 22 de enero. El que fuera el primer film de Rob Marshall, antiguo coreógrafo de musicales reconvertido en director de cine, es -como ‘Nine’ la adaptación de un exitoso musical de Broadway, y fue concebido por los mismos autores de otro mítico musical, Cabaret. Cabe señalar que su versión musical se está representando estos días en el madrileño Teatro Coliseum.
Para Chicago, John Kander y Fred Ebb (compositor y letrista, respectivamente), junto con la colaboración en el libreto del legendario coreógrafo y director de cine Bob Fosse (autor de la versión fílmica de ‘Cabaret’), crearon un musical que pretendía ser el retrato de una época y un lugar, con bastantes más sombras que luces a pesar del envoltorio musical. En este caso, el crimen cometido por una aspirante a cantante (Renée Zellweger) durante los años veinte del pasado siglo, y la efímera fama que este hecho le proporciona, alimentada por las maquinaciones de un abogado-estrella sin escrúpulos (Richard Gere), es la base argumental en que se sustenta Chicago.
Sin duda, este film huele a Bob Fosse y su magistral ‘Cabaret’ por los cuatro costados, desde la temática hasta el aspecto visual del film (juegos de montaje incluidos), pasando por la coreografías durante los números musicales. Asimismo, hay canciones que son prácticamente un calco de aquellas que se podían escuchar en el Kit Kat Club. Sin embargo, como film, Chicago es netamente inferior a ‘Cabaret’, ya que Rob Marshall, al contrario que Fosse, no antepone la narrativa del film al mero lucimiento a base de vistosos números musicales. Aquí, da la sensación de que la historia se para casi a cada momento para sacar un número musical que trata de expresar lo que sienten los protagonistas. Pero lejos de conseguir una transición natural entre ambos planos narrativos, Marshall hace que el espectador se canse al poco tiempo de tanto numerito, y eche de menos que le cuenten una historia de manera más convencional, sin tantas interrupciones.
Los números musicales hay que saber integrarlos con la trama, y ni el guión de la película (firmado por Bill Condon) ni la dirección consiguen que haya fluidez y naturalidad entre las partes musicales y las no musicales. Todo esto acaba por generar una sensación de ‘artificialidad’ y rigidez, que muy poco tiene que ver con el asombroso desparpajo y la fisicidad de un film como ‘Cabaret’, donde sus autores estaban realmente comprometidos a la hora de situar al espectador en el Berlín inmediatamente pre-nazi, y hacerle vivir durante esos días en que una sombra se cernía sobre Alemania y el mundo al ritmo que nos imponía una extraordinaria Liza Minelli.
Sin embargo, no se puede decir que Chicago no sea un film exento de interés. De hecho, me parece un musical bastante bueno con sugerentes ideas temáticas y estéticas, pero al que, además de su torpeza estructural, quizá lastra también un reparto con escasa química entre sus miembros. Sin embargo, tenemos la excepción de Catherine Zeta-Jones (justamente oscarizada por su actuación en este film), que desde el primer minuto hasta el último en que aparece seduce a la cámara y al espectador con su contundente presencia y su fascinante manera de moverse y actuar. Esta mujer merecía ser protagonista de su propio musical, porque su poderío físico, fotogenia y talento la hacen más apta para captar la atención del público de lo que podrá ser la pavisosa Zellweger, por mucho que ésta se ajuste a su personaje. Richard Gere también falla en su interpretación, sencillamente porque como actor carece de ese matiz cínico y manipulador que su personaje exige. Los secundarios John C. Reilly y Queen Latifah están bastante correctos en sus papeles, pero poco pueden hacer, por distintos motivos, con los otros protagonistas con los que les ha tocado compartir cartel.
En fin, siempre quedará la triste duda (o quizá certeza) de saber qué hubiese hecho mr. Fosse con este film, en cuya preparación estaba inmerso cuando repentinamente (o no tanto) le sorprendió la muerte en 1987, imitando al personaje principal de su propia película (y presumiblemente semiautobiográfica) ‘All that jazz’, frase esta última que, curiosamente, se repite constantemente como coletilla en el número musical que abre Chicago. Teniendo en cuenta estos antecedentes, la genuina pasión de Bob Fosse (un director que fue capaz de crear una obra muy personal) le da mil patadas al mero esteticismo de Rob Marshall. Dicho vacío esteticista quedó patente en su siguiente film, el entretenido pero anodino cuento de hadas ‘Memorias de una Geisha’, y parece continuar con Nine, a raíz de los trailers y las críticas que van apareciendo tras su estreno en Estados Unidos. Por ello, no resulta extraño que le hayan contratado como juntaplanos de la próxima entrega de ‘Piratas del Caribe’.
En Notas de Cine | Nine: tráiler español | Nine: tráiler de la versión musical de Ocho y medio
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Comentarios
3 de Enero de 2010 - 4:41 pm
[...] ‘Memorias de una Geisha’. El realizador vuelve a un género que ya transitó en Chicago, adaptación de un obra de Broadway. En esta ocasión, el cineasta también se encarga de llevar a [...]