Domingo, 25 de enero de 2009
Crítica: W.

Título: W.
Director: Oliver Stone
Género: Biopic
Duración: 131 min.
Reparto: Josh Brolin, Elisabeth Banks, Ellen Burstyn, James Cromwell, Richard Dreyfuss, Thandie Newton, Scott Glenn.
W., segundo trailer
¿Debo ir a verla? 



Análisis superficial de la figura de George W. Bush, que no deja de ser un tentempié para comer en el hogar.
Sigo aún perplejo con la jugada del pasado martes 20 de RTVE en que programó la película W. de Oliver Stone antes, incluso, de que el filme sea estrenado en nuestros cines (si es que lo llega a hacer). Para que sonará más rocambolesco decidieron ubicar este estreno sin precedentes en LA 2 y en un horario que castigaba a los más madrugadores. Sea como sea, servidor no perdió la ocasión de ver en primicia el filme, y a continuación os dejo mis impresiones.
A meses vistas de su estreno, el biopic que estaba dirigiendo Oliver Stone sobre el entonces inquilino de la Casa Blanca tenía muchos números para convertirse en uno de los filmes del año, más si tenemos en cuenta el impresionante reparto utilizado para interpretar al círculo de poder del, afortunadamente, ex-presidente. Quizás este alto grado de expectativas haya contribuido a que me llevases una percepción de que W. es un filme fallido.
Stone vuelve a precipitarse por querer contar unos hechos ates que nadie. Ya lo hizo, con mayor despropósito en World Trade Center, y lo ha vuelto a hacer en W.. No hubiera sido mejor esperar un tiempo, y ver el mandato de Bush con mayor perspectiva de la que se pueda tener actualmente. El filme también falla en su tono, un tono satírico que choca muchas veces con la gravedad de la situación que sigue afectándonos a día de hoy. No me refiero a que no se pueda tratar con cierto humor cualquier tipo de situación desagradable, si no que es desconcertante ver mezclarse el tono serio con el paródico, tal y como ocurre en ciertos fragmentos del filme, cuando se mezcla la actitud idiota del presidente con imágenes de archivo de masacres en Iraq, terrorismo u otros conflictos.
W. también falla en su estructura. Su guión va dando tumbos entre el pasado juvenil del presidente y su estancia en la Casa Blanca. Parece como si el director se empeñara en exponer con poco sentido cada una de las perrerías del ex-presidente. De forma incompresible, dedica una secuencia a la anécdota de la galleta, y por otra parte, no muestra la reacción de George W. Bush en el 11-S, ni los días que siguieron. Esta estructura la hila con saltos constantes en el tiempo para intentar dotar al filme de más cuerpo, pero falla en conectar las situaciones de una etapa a otra de la vida del político.
W. se acaba convirtiendo en un dibujo superficial de la vida del peor mandatario norteamericano de la historia. Arroja pocas luces sobre su vida y su personalidad (¿Quizás no sabíamos ya que era un tejano de inteligencia media, aficionado a la bebida, de una familia con poder y que llegó a la Casa Blanca siendo un incompetente?, seguramente los motivos por los que el pueblo norteamericano se identificó con él y lo eligiera dos veces en las presidenciales). Sobre su vida pocas cosas podrás descubrir con el filme que no hayan salido ya a la luz. Y sobre el dibujo de su personalidad, Stone dibuja a un Bush descerebrado que se siente presionado por el apellido Bush (en ese sentido es interesante ver la presión que ejerce en él su padre y que le recuerden siempre la superioridad de su hermano, Jeb ).
Al final parece como si Bush hubiera sido la marioneta de un círculo de poder maquiavélico, empezando por el poder en la sombra de un Dick Cheney muy bien interpretado por Richard Dreyfuss. Son precisamente las interpretaciones y caracterizaciones los mejores alicientes de esta obra. Empezando por un Josh Brolin, que cada vez se va pareciendo más al ex-presidente con esos gestos, gesticulaciones y movimientos, y siguiendo con un Scott Glenn en la piel de Rumsfeld, el mencionado Dreyfuss, Ellen Burstyn y James Cromwell como los padres de la criatura, y una Thandie Newton que, milagrosamente, clava el aspecto de Condolezza Rice.
W. es un dibujo poco preciso y de poca profundidad sobre el hombre más poderoso del mundo de hace, apenas, una semana. La visión de Stone, y en eso me sorprende, se queda en un plano bastante superficial sin indagar más allá que lo que todo ciudadano, minimamente informado, sabia sobre Bush y su administración. Es como si el director se hubiera propuesto a toda costa enumerar todos los errores por los cuáles ha pasado Bush hijo en su vida y estrenarlo antes de que dejara la casa Blanca por la puerta de atrás. De esta forma el resultado sólo podría ser el de un tele-filme para ver la noche de la investidura de Obama.

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