Miércoles, 9 de diciembre de 2009
Navidades 2009, Navidad sin Navidad (2): La Jungla de Cristal

La jungla de cristal, de John McTiernan, ha sido el título elegido por el autor de estas líneas para continuar con este especial de Navidades 2009 dedicado a cuatro conocidas películas que dan una visión poco convencional de estas fiestas, y que, en ocasiones, ponen en entredicho los valores en que se sustentan. Así que, tras analizar la semana pasada el drama onírico Eyes Wide Shut, vamos a cambiar totalmente de registro para adentrarnos en la acción más física, trepidante, y por qué no decirlo, festiva.
La jungla de cristal, cinta de la que no creo que haga falta realizar resumen argumental alguno, resulta un título harto interesante de revisar en estas fechas navideñas por varios motivos. Entre ellos, podríamos destacar principalmente su singular ambientación cuasi veraniega en plena Nochebuena (los que no conocemos L.A. ignoramos si dicha ciudad es tan cálida por estas fechas), conseguida a base de unos planos iniciales propios de un Tony Scott obsesionado con los eternos atardeceres de anuncio de colonia. Sin embargo, está bien señalar que Arma Letal, estrenada en 1987 (un año antes que La jungla …),se adelantó en el tiempo al mostrar una Navidad californiana que rompe totalmente con los clichés visuales que asociamos a estas fiestas.
Pero es que, además de lo atípico del escenario, La jungla de cristal se ceba a la hora de ridiculizar abiertamente ciertas instituciones casi sagradas para el norteamericano medio como la prensa, la policía y el FBI, algo que rompe con la tradición navideña de buenos sentimientos y cooperación.
Para empezar, la manera en que los medios de comunicación se entrometen a cualquier precio en las vidas de la gente, y los perniciosos efectos que dicha intromisión puede causar son abiertamente mostrados en la película. Dicho retrato negativo ha sido una constante desde entonces en otras cintas de acción como ‘Speed’, curiosamente dirigida por el director de fotografía del film que nos ocupa, el holandés Jan de Bont.
La policía y el FBI, por su parte, no son menos ridiculizados que la prensa en el film de McTiernan, apareciendo aquí como una pandilla de incompetentes de gatillo fácil y escaso cerebro, que son manipulados a su antojo por los villanos de la película (encabezados por un genial Alan Rickman), ayudándoles involuntariamente a conseguir sus objetivos. De boca de uno de los patanes agentes del FBI (interpretado por malo de ‘Licencia para matar’, Robert Davi), además, hay una referencia explícita a la guerra de Vietnam, reflejando irónicamente el hastío que por entonces debía de sentir la sociedad norteamericana al respecto de aquella traumática guerra perdida, que durante una década había inundado los cines con innumerables películas ambientadas en dicho conflicto.
Otro estamento social característico de la cultura popular de aquellos años, los yuppies y altos ejecutivos de empresa en general, también son blanco de las puyas que lanza el film, presentándoles como tipos sin escrúpulos, llenos de vicios, que creen saberse más listos que nadie, y que confían plenamente en su “pico” y buena facha a la hora de resolver a su favor una situación tensa. Pero de poco les servirá ante individuos con los mismos o menos escrúpulos que ellos.
Por otro lado, la película añadió un elemento de ruptura fundamental en cuanto al cine de acción tradicional: coger a un actor entonces encasillado en la comedia como era Bruce Willis, y convertirlo en un tipo duro y sufridor, pero con un sentido del humor que conectase inmediatamente con el público, creando un héroe de una humanidad impensable en otros héroes de acción de cualquier época del cine.
Y es justamente ahí donde, al final, La jungla de cristal no solo no rompe del todo con ciertos valores tradicionales norteamericanos, sino que se erige en una verdadera regeneración de los mismos: el héroe es un tipo anónimo, una persona corriente de mucho ingenio que consigue salir al paso de la situación a pesar de que fuerzas corruptas más grandes que él se confabulan para quitarle de en medio. En definitiva,el personaje de John McClane es una extraña versión de los sueños y fantasías del adulto medio, ansioso de dejar de ser mediocre y verse capaz de controlar su propio destino por encima de los demás.
Pero, como ya hemos dicho, irónicamente (o no tanto) las gestas casi individualistas de McClane se sitúan en Navidad, la época por antonomasia de la fraternidad y la solidaridad. Y precisamente, ante la absoluta falta de cooperación entre prensa, fuerzas de seguridad, y hombres de negocios, todos estos agentes acaban por salir escarmentados, encumbrando sin querer a un individuo emprendedor y solitario a su pesar.
En definitiva, La jungla de cristal es una película modelo sobre una Navidad sin Navidad.
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