Crítica: El Baile de la Victoria

El Baile de la Victoria

Título: El Baile de la Victoria
Director: Fernando Trueba
Fecha de estreno en España: 27 de noviembre
Duración: 127 minutos
Intérpretes: Ricardo Darín, Abel Ayala, Miranda Bodenhofer,
Trailer final de El baile de la Victoria
El baile de la Victoria en el Festival de Sevilla
Fernando Trueba, elegido para ir a los Oscar con El baile de la Victoria
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ La entidad del proyecto y de sus participantes no impide una cierta disfuncionalidad, un resultado a todas luces irregular.

El Baile de la Victoria lo tiene todo para ser una gran película. Un guión basado en una prestigiosa novela de Antonio Skármeta, que además le ha dado su visto bueno a la adaptación (hasta hace un pequeño papel); un realizador de peso; un protagonista infalible; unas elecciones musicales sobresalientes y una ficha técnica que cuenta con alguno de los mejores profesionales de este país en campos como la producción, el vestuario o el montaje de sonido.

Sin embargo, El Baile de la Victoria no es ni mucho menos una película redonda. Efectivamente, tiene la gran factura que se le presupone a un proyectocomo este, y sus más de dos horas consiguen distraer, transcurriendo con una endiablada rapidez. Y no solo Ricardo Darín da muestras de su talento como actor, también lo hacen los jóvenes Abel Ayala y sobre todo la revelación Miranda Bodenhöfer, una inmejorable y arrebatadora Victoria.

Los problemas de El Baile de la Victoria están en los que probablemente sean los dos ingredientes fundamentales de la receta artística que es cada película: el guión y la realización. El texto descarrila especialmente en la segunda mitad del film, cuando desaparecen de un plomazo los personajes de la esposa y el hijo del maestro ladrón Vergara Grey (Darín), cuya presencia desde ese momento no carece de funcionalidad pero sí de entidad. La historia finaliza además de una manera molesta y menos emotiva de lo que pretende.

Por su parte, la realización peca de hacerse notar demasiado en el primer tercio del metraje. El cambio de género constante está resuelto con cierta solvencia por Trueba, pero cuando juega con el montaje para crear un thriller moderno provoca una sensación de extrañamiento que resta credibilidad y empaque a la película. Frente a los intensos momentos, a todos los niveles, en que Victoria baila (ante Ángel, ante el jurado de la escuela, ante el teatro casi vacío), hay otros demasiado intrascendentes.

Es por tanto El Baile de la Victoria una película que se deja ver pero que provoca desconcierto. Por su irregularidad, por sus inexplicables desvaríos y por lo que pudo ser y no fue. Una verdadera lástima.

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