Notas de Cine

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Martes, 3 de Noviembre de 2009

Mad Max: apuntes sobre una saga

Mel Gibson en Mad Max

Las recientes noticias que confirman el rodaje de una nueva entrega de Mad Max para finales del año que viene, han motivado a quien esto escribe para efectuar una breve revisión de esta impactante saga australiana post-apocalíptica. Una revisión que no busca aportar nada nuevo, sino hacer un breve resúmen de lo que puede encontrarse en estas películas, a través de las cuales su protagonista, Mel Gibson,  alcanzaría el estrellato como actor.

Sobre una base narrativa procedente del western clásico, el director, guionista y productor australiano George Miller (antiguo médico de sala de urgencias) supo crear la visión más convincente de aquella célebre frase atribuida a Albert Einstein: ‘no sé cómo sera la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé cómo será la Cuarta: con palos y piedras’.

En efecto, en el futuro que nos plantea Miller en la segunda y tercera entrega de la saga, resulta totalmente creíble el primitivismo en el que se encuentran sumidos los diferentes grupos humanos (divididos en ‘colonos’ y bandidos) que habitan en el desierto australiano, tras un holocausto nuclear y energético (que en Mad Max van cogidos de la mano) que los ha empujado fuera de las ciudades. Al mismo tiempo, tratan de agarrarse como a un clavo ardiendo a los pocos elementos que les quedan (humanos y tecnológicos) de la antaño ‘civilizada’ sociedad a la que pertenecían, hasta el punto de que el petróleo/gasolina valen más que el agua o cualquier otro bien de primera necesidad.

Precisamente, esta melancolía hacia lo que una vez fue, se ve reforzada por el hecho de que, hasta el final de la tercera entrega, apenas vemos lo que ha sido de las ciudades que fueron estandarte de la ya desaparecida civilización. Este es un rasgo que distingue a Mad Max del resto de propuestas post-apocalípticas de la época: la ausencia de un contexto urbano por el que el espectador sienta cierta familiaridad.

Mad Max 2, el guerrero de la carretera

De esta manera, ubicando la acción en el bello pero desolador desierto australiano, Miller consigue, aparte de crear el necesario referente hacia el western, enajenar a sus personajes y al espectador y colocarles en medio de un escenario mítico, propenso al nacimiento de nuevas leyendas. Y es que, al igual que en los western de Sergio Leone, de los que la saga Mad Max es deudor (en una versión más concisa y acelerada, eso sí), ese escenario y esos personajes adquieren una definitiva personalidad bíblica, en cuanto a que  entran a formar parte de los relatos que esos mismos personajes van contando a sus descendientes, en una especie de sincretismo judeocristiano-tribal postecnológico.

La mitificación del pasado (en el sentido más literal del término) y la pérdida de la memoria reciente, hasta el punto de hacer del pasado olvidado el punto inicio de un ciclo mitológico,  llegan en su momento álgido durante la tercera entrega (Mad Max, mas allá de la cúpula del trueno, 1985) con el encuentro entre el protagonista y esa especie de tribu de ‘niños perdidos’, para los que Gibson se convertirá en una suerte de Moisés que les ayudará a atravesar el desierto, abriéndose camino entre las hordas de enemigos, para llegar hasta la tierra prometida.

Mad Max: Más allá de la cúpula del trueno

También resulta interesante resaltar las diferencias entre la primera entrega de la saga y las otras dos, porque aunque comparten elementos narrativos, hay un enorme salto visual y temático (probablemente motivado por el raquítico presupuesto de la primera entrega) que convierten a la primera parte en algo parecido a lo que hoy consideraríamos una ‘precuela’ (sin serlo, claro está). El mundo de Mad Max, salvajes de la autopista (1979) es el de una civilización que se derrumba, pero aún no ha alcanzado el Holocausto. Los malhechores ya campan a sus anchas por el paisaje, pero siguen siendo marginados, no constituyen un verdadero orden social alternativo como en las secuelas. El paisaje aún es ‘verde’ (o al menos no es desértico), e incluso podemos ver el mar en alguna secuencia. Sin embargo, la tragedia acecha a la humanidad, y concretamente al protagonista, perfectamente reflejada en los espacios vacíos en los que se mueve Mel Gibson, tanto en el trabajo como en su vida privada.

Mad Max, Salvajes de la autopista

Gradualmente, Max Rockatansky (nombre completo del personaje de Mel Gibson) empieza a perder todo lo que le importa para a cabar convirtiéndose en el ser cínico, sin rumbo, que protagonizará las restantes secuelas. En esta primera entrega, aún no está presente el rastro bíblico, que cobrará toda su fuerza a partir de Mad Max, el guerrero de la carretera (1981). En el film original, nos encontramos ante una clásica historia de venganza, la primera de las que ha estado protagonizando sin interrupción hasta nuestros días Mel Gibson (ver sino el trailer de su última película, Edge of darkness), quien para mí siempre ha sido una especie de Charles Bronson de cine de alto presupuesto.

Mad Max 2

Resulta curioso, por otro lado, constatar el parecido de Mel Gibson con otros iconos del western como John Wayne o Clint Eastwood. Todos ellos son excepcionalmente viriles, conservadores en sus ideas (aunque Wayne y Gibson directamente abrazan cierto extremismo al que Eastwood es ajeno), secos, y con una mirada inolvidable, aunque es cierto que Gibson añade a la suya una pasión enloquecida que le distingue del hieratismo de otros actores de western, y le ha permitido, dicho sea de paso, convertirse en estrella de cine a base de acumular roles de hombre normal transformado en enloquecido vengador después de que los malos le hayan hecho pupita a algún ser querido.

Mel Gibson

Sin embargo, no es seguro que podamos disfrutar de su presencia en la nueva entrega de Mad Max, pero a cambio se barajan otros nombres como Tom Hardy o Sam Worthington como protagonistas. Ésta última opción me resulta especialmente interesante, dado que este actor parece pertenecer a esa estirpe de actores procedentes del continente austral, quintaesencia de lo masculino y viril, a la que pertenecen desde el clásico Errol Flynn hasta los actuales Russell Crowe, Hugh Jackman, Eric Bana, o el propio Mel Gibson. En definitiva, parece el actor perfecto para protagonizar (como ya hizo en Terminator Salvation) un futuro post-apocalíptico. Aunque los rumores apuntan a que Tom Hardy será, con bastante probabilidad, el sustituto de Gibson.

En definitva, Mad Max ofrece no pocos alicientes para disfrutar cada cierto tiempo con su revisionado, empezando con su mezcla de géneros,  el diseño de producción (vampirizado luego por multitud de películas de similar tono), la fotografía en formato panorámico anamórfico, el ritmo endiablado de la narración … Sólo esperamos que la cuarta entrega recupere el tono violento y brutal que se perdió en la tercera, quizá debido al mayor presupuesto y las presiones del estudio para hacer una película para todos los públicos.

En Notas de Cine | Mad Max 4 entra en preproducción

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