Sábado, 6 de octubre de 2007
Ley del Cine
No sé a ciencia cierta si se trataba de problemas de intrusión competencial en el estatuto catalán o sencillamente de un tira y afloja pecuniario, pero el caso es que Convergéncia i Unió, Esquerra Republicana de Catalunya e Izquierda Unida/Iniciativa per Catalunya han dado vía libre a la tan traída y llevada Ley del Cine retirando las tres enmiendas que habían presentado a la totalidad del proyecto tras llegar a un acuerdo con el Ministerio de Cultura.
En virtud de este acuerdo el Gobierno aportará un máximo de 11 millones de euros al año a través de un fondo especial que tendrá como fin subvencionar, no antes del 2009, producciones cinematográficas realizadas en las lenguas cooficiales en las diferentes autonomías (catalán, euskera y gallego). La gestión correrá a cargo de los ejecutivos autonómicos quienes estarán obligados a cofinanciar al 50% las aportaciones estatales.
Así las cosas el [Tag]Fondo Nacional de Cinematografía[/Tag] no se verá afectado por esta nueva dotación y seguirá siendo gestionado desde la administración central con un presupuesto de 85 millones de euros para el ejercicio del 2008.
Desde luego este acuerdo hace una apuesta decidida por ayudar al cine que se realice en las lenguas minorizadas pero no me cabe duda que esta discriminación positiva que se justifica en la situación de desventaja de estas lenguas levantará algunas ampollas en algunos sectores que entienden estas ayudas como prebendas injustas. Y es que, efectivamente, salvo compensaciones que ahora se me escapan, una película realizada en cualquiera de las lenguas autonómicas contará con una financiación de partida superior a otra que lo sea en castellano.
Desde luego nunca he sido amigo del intervencionismo ni de la política de subvenciones, y cada día que pasa, la experiencia no hace sino reafirmarme en mis postulados. Pero en este maravilloso país debemos tener un síndrome de Peter Pan del carajo porque todo el mundo quiere seguir chupando indefinidamente de la teta de mamá. Así es que, no vaya a ser que alguien se vaya descontento, el proyecto en cuestión prevé desgravaciones fiscales de hasta el 18% para los inversores cinematográficos así como ayudas para el cine de animación y películas para televisión.
Y yo, ingenuo de mi, que me pierdo entre tanta ley farragosa, sigo esperando el día en que las películas se promocionen a si mismas por la sencilla razón de que son películas de mérito, independientemente de que vengan del barrio de mi pueblo o de la conchinchina, estén filmadas en swahili o en chino mandarín.
Leo también que las salas exhibidoras que incluyan en su programación un 40% de películas europeas o latinoamericanas (preferentemente en V.O.) también contarán con ayudas. Pues muy bien, ya veremos quien es el valiente que se atreve con ese morlaco, a lo mejor aquellos exhibidores que dispongan de alguna infame salita minúscula donde recluirnos a los cuatro locos de turno, que no va a ser la primera vez que me veo en tal coyuntura. Y es que el fin no justifica los medios y lo que hoy es pan mañana será hambre. Y todo por la manía de querer incidir sobre los síntomas en lugar de atajar los problemas por la raíz.

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