Viernes, 16 de noviembre de 2007
Crítica: Ciudad de Dios

Título original: Cidade de Deus
Título: Ciudad de Dios
Año: 2002
País: Brasil
Duración: 135 min.
Género: Drama
Director: Fernando Meirelles
Codirector: Katia Lund
Guión: Braulio Mantovani, basado en la novela de Paolo Lins
Intérpretes: Matheus Nachtergaele (Sandro Cenoura), Seu Jorge (Mané Galinha), Alexandre Rodríguez (Buscapé), Leandro Firmino da Hora (Zé pequeno), Phellipe Haagensen (Bené), Jonathan Haagensen (Cabeleira), Douglas Silva (Dadinho), Roberta Rodríguez Silvia (Berenice), Gero Camilo (Paraíba), Graziela Moretto (Marina), Renato de Souza (Marreco).
Música: Antonio Pinto y Ed Côrtes
Fotografía: César Charlone
Montaje: Daniel Rezende
Estreno en España: 31/01/2003
Dicen que segundas partes nunca fueron buenas pero el caso es que nuestra compañera Lucía nos ponía al tanto ayer mismo sobre el inminente estreno con la entrada del nuevo año de un largometraje que dará continuación de alguna manera a aquella desgarradora «Ciudad de Dios» del brasileño Fernando Meirelles, construida al hilo del best-seller homónimo de un hijo de las favelas como Paulo Lins, con la colaboración inestimable de la gran documentalista del este mundo suburbial paralelo, Katia Lund. Así que he aprovechado la ocasión para revisionar esta soberbia narración fílmica que nos viene de un país no muy dado a producciones de tanto calado.
«Ciudad de Dios» nos retrata de manera brillante, precisa y descarnada el discurrir abrupto de la existencia de los desheredados confinados en esta prefabricada barriada marginal de favelas levantada en los años 60 en los suburbios de Río de Janeiro. Y lo hace a través de una profunda y prolongada mirada que recorre el devenir de un grupo de mocosos desde sus primeros escarceos delictivos asaltando camionetas del gas allá a finales de los años 60 hasta el culmen de la tropelía sangrienta y atroz en que devendrá su particular biografía bien mediados los 80.

Se han planteado múltiples referentes al acercarse a esta obra: «Amores Perros», «Uno de los Nuestros», «Malas Calles»… Pero lo cierto es que «Ciudad de Dios» es sobre todo un filme con una identidad completamente particular tanto a nivel técnico como conceptual, que trasciende cualquier paralelismo.
Respetando la estructura de Paulo Lins en tres alturas, entreteje con fina y hábil pretura un tapiz narrativo espectacularmente armónico y ligero a pesar de las dos horas largas de duración. Son innumerables los recursos cinematográficos que son hábilmente puestos al servicio de una historia siempre ágil que crecerá en ritmo e intensidad acompañando a los personajes en el descenso a los infiernos hasta desembocar en el paroxismo de la degradación y la violencia, donde el asesinato no llega ni a ser anécdota.
El tratamiento de la luz y la fotografía, los sucesivos y particulares flash-back de hilvanado, la selección musical adecuada a cada tiempo escénico, el soberbio montaje, los modos de filmación, todas las piezas encajan milimétricamente en este puzzle de horror. Por no hablar del centenar de actores improvisados rescatados de entre la miseria de las favelas que interpretan con fabuloso realismo lo que para ellos nos sino una burda copia de su cotidianeidad.
Filme escrito en última instancia con lenguaje de ficción pero con la asepsia propia de un documental que destapa el nacimiento y desarrollo del gangsterismo organizado en lo que empezó siendo un poblamiento habitacional para personas sin recursos y que el abandono por parte de la administración acabó por convertir en una ciudad en la que la única ley que impera es la del más fuerte.
Sin embargo aunque todo parece responder a un determinismo del que nadie puede escaparse, el personaje principal de la trama se abre como un rayo de luz en ese universo desvalorizado al demostrar con su actitud que siempre existe otra vía alternativa a la barbarie, que por mucho que la vida nos condicione, la última decisión siempre es nuestra, aunque a veces comporte la propia muerte.
En cualquier caso una película imprescindible míresele por donde se le mire.

Comentarios
27 de noviembre de 2007 - 8:30 am
Esta película demuestra que pueden sintetizarse las visiones del nuevo cine social latinoamericano surgido en aquel continente tras “Los olvidados” de Luis Buñuel con el cine más actual surgido de Quentin Tarantino: crítica social, violencia, y un cierto determinismo hacia el destino trágico pero con neutralidad moral, como un científico que observa.
Gran película, gran entrada.
Saludos.
3 de diciembre de 2007 - 10:51 pm
Gracias por lo que me toca. Coincido con tu apreciación general aunque quizás ese determinismo que apuntas deje traslucir cierta esperanza a través de la figura del protagonista que logra escapar de ese destino fatal al que parecen estar abocados todos los hijos de las favelas.
10 de enero de 2008 - 6:27 pm
[...] en situaciones de marcado condicionamiento. De alguna manera me ha recordado al protagonista de Ciudad de Dios, que logra encontrar en la fotografía una salida a una espiral de barbarie que parecía [...]
16 de junio de 2009 - 12:58 pm
me parece una peluicula la cual nos dice una gran verdad sobre todo lo que sujcede en paises del tercder mundo como en este caso rio de janeiro
12 de noviembre de 2009 - 11:46 pm
una película tan cruda y real como brillante y admirable
17 de diciembre de 2009 - 1:42 pm
increible [...]
8 de mayo de 2011 - 2:14 pm
mAgnifica pelicula excelente
Refleja la realidad
Muy buena
No se la pierdan