Jueves, 15 de noviembre de 2007
Crítica: El hombre de arena

Título: El hombre de arena.
País: España.
Año: 2007.
Duración: 95 min.
Género: Drama romántico.
Director: José Manuel González-Berbel
Guión: José Manuel González
Intérpretes: Hugo Silva (Mateo), María Valverde (Lola), Irene Visedo (Carmen), Samuel Le Bihan (el Francés), Alberto Jiménez (Burgos), Héctor Noas (Luis), Miguel de Lira (Joao), Juan Llaneras (Mateo mayor), Ana Ruiz (Silvia), Esteban G. Ballesteros (Samuel), Mercedes Sampietro (Carmen mayor), Ana Torrent (María la Cigarrona).
Producción: Harold Sánchez.
Música: Cristina Pato y Raquel Pato.
Fotografía: Antonio González Méndez.
Montaje: Juan Carlos Arroyo.
Estreno en España: 9/11/2007.
Web oficial: http://www.irokofilms.com/elhombredearena/inicio.html
Con el asunto de la memoria histórica a vueltas, parece que está de moda en España, a falta de mejores ideas, echar la mirada atrás para buscar historias entre las entretelas de la guerra civil o el extinto régimen franquista. A lo mejor por eso ha pensado González-Berbel que la «Ley de Vagos y Maleantes» en la que dice inspirarse era suficiente sostén para levantar una historia de amor ambientada en esa atmósfera claustrofóbica y represora de aquellas casas de locos de los años sesenta donde se acostumbraba a recluir a los inadaptados al sistema, ya fueran homosexuales, vagabundos, prostitutas o enajenados.
Tampoco creo que sea cuestión de hacer sangre con este primer largometraje de González-Berbel, en primer lugar porque no lo merece. Al fin y al cabo nadie nace aprendido y si bien últimamente hemos tenido alguna que otra sorpresa por parte de nuevos talentos todo lleva su tiempo. Así las cosas y aunque la historia no me enganchó totalmente en ningún momento, se observa muy voluntariosa y, aunque a trancas y barrancas, se deja ver.
Quizás lo que más parece molestar a algunos es que se trata de una producción costeada por el erario público, en este caso al amparo de las ayudas que desde 2005 viene dando la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Extremadura para la Producción de Largometrajes.
Y en ese sentido no parece sensato que una administración justifique cualquier trabajo de partida por el simple hecho de que las localizaciones, el reparto o muchos de los figurantes sean de la propia autonomía dispensadora del condumio, en este caso la extremeña. No vaya a ser que caigamos una vez más en el patanismo chovinista cultural.
Sea como fuere, este tipo de producto alguna rentabilidad ha de tener, porque dicha consejería ha creado recientemente la «Comisión Extremadura Film» con el fin de seguir promoviendo la producción y distribución de películas que se filmen en la región como instrumento de desarrollo. Nada que objetar, pero esperemos que ese desarrollo pase por la calidad.
Bueno, el caso es que nos encontramos ante una película con una trama si no hueca si poco consistente, débil tensión narrativa y dramática, y un guión sinuoso y forzado que termina por poner tierra a cualquier esfuerzo por salvar una historia demasiado plana, previsible e inverosímil que suscita un interés bastante limitado.
Aún con todo, hay un esfuerzo importante en el tratamiento de la luz y el entorno, algunas notas de humor rescatables, alguna pincelada poética, algún detalle testimonial, algo de retrato y denuncia social, un poco de intriga, incluso algo de emoción… No mucho más. Que no es poco, dirán otros.
La banda sonora al ritmo de gaita de Cristina Pato tiene algún momento glorioso pero su ubicuidad termina por cansar.
Hugo Silva, aparte de lucir torso desnudo y culo para las niñas que babean con los buenos mozos lo intenta, pero su parquedad en registros lastra su personaje. Irene Visedo, pues como que no, aunque la indefinición del perfil de su personaje en el guión tampoco ayuda. María Valverde encaja bien en el rol de Lola pero no termina de refrendar las buenas expectativas que generó en «La flaqueza del bolchevique» (aún tengo pendiente «Melissa P»). Eso sí, intérpretes de la talla de Ana Torrent, Mercedes Sampietro o Alberto Jiménez son relegados en papeles de simple compromiso.
En definitiva, una película con méritos suficientes para llegar a algún sector del público, pero que por mucho marketing y dinero que se haya puesto en la mesa para llevarla a las salas multicines de todo el país no deja de ser una película de arena que el tiempo se encargará de borrar. Y perdóneseme el juego de palabra facilón, pero es que me lo han puesto a huevo, que diría el otro.

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