Viernes, 16 de octubre de 2009
Banda sonora: Ágora, de Dario Marianelli

A la hora de crear la banda sonora de Ágora, el compositor Dario Marianelli ha sido el elegido por Alejandro Amenábar para hacerse cargo en exclusiva de la misma, renunciando el director por primera vez en su carrera a la tarea de componer la música de sus propias películas. El italiano es autor, entre otras, de las partituras de ‘V de Vendetta’ y ‘Orgullo y prejuicio’, y ganador del Oscar en 2008 por la banda sonora de Expiación.
El tono que predomina en el Ágora de Dario Marianelli no es ni épico ni aventurero, sino sombrío y fatalista, como corresponde al tipo de film a cuyas imágenes acompaña. No hay lugar para melodías evocadoras, sino para el drama y la melacolía por un mundo de sabiduría que agoniza, debido a los estragos que causa la consolidación de la Iglesia cristiana y sus dogmas en la cúpula del poder romano. Incluso cuando la protagonista, Hipatia, hace algún importante descubrimiento astronómico, la música parece indicarnos que dicho conocimiento se perderá para siempre, a pesar de la pasión puesta por la filósofa y astrónoma alejandrina.
Darío Marianelli ha optado por un acercamiento musical al mundo antiguo mezclando los clichés sonoros de los peplum del nuevo siglo (duduks y otros instrumentos exóticos, así como voces étnico-esotéricas) con un uso muy particular de los instrumentos de cuerda, y muy especialmente, de los instrumentos de viento metal.
Estos últimos suenan de una manera mucho más cruda de lo que estamos acostumbrados en este tipo de producciones, alejándose de la pomposidad del cine épico para acercarse más hacia un registro oscuro y solemne, representando la amenaza fundamentalista que se cierne sobre la protagonista, y sobre el mundo grecorromano en general. Los coros apoyan de manera contundente los momentos de mayor dramatismo, y ofrecen la necesaria cualidad operática de toda tragedia ambientada en un escenario grandilocuente. Lo cual no quiere decir que los coros suenen siempre durante atronadores estallidos dramáticos, sino que en ocasiones lo hacen de manera bastante sutil en temas más íntimos.
Por otro lado, las percusiones se alejan afortunadamente del tratamiento que le dieron Hans Zimmer o Vangelis en sus respectivas incursiones musicales en la Antigüedad (‘Gladiator’ y ‘Alejandro Magno’), consiguiendo aquí un sonido más natural y, por qué no decirlo, clásico. Su uso está fundamentalmente orientado hacia el subrayado de ciertos momentos dramáticos, en lugar de acompañar machaconamente los escasos momentos de “acción” que contiene el film.
Mención especial merecen algunos escasos fragmentos de música “contemporánea” a los hechos que narra el film. Entre ellos, destaca un solo de aulos (curiosamente, compuesto por Lucio Godoy, no por Marianelli), el primitivo doble clarinete que se solía tocar en las antiguas Grecia y Roma. También el uso de modos antiguos y orientales ayudan a ambientar musicalmente el film en un lugar y época determinadas.
Si hubiese que destacar algún defecto de la banda sonora de Ágora, sería sin duda la reiteración del uso, ya comentado, del duduk armenio y las voces femeninas en un registro pretendidamente oriental. Que yo recuerde, todas y cada una de las aportaciones musicales a los peplum (y películas épicas en general) de esta década a partir de ‘Gladiator’ han incluido alguno de estos dos elementos. Y en el caso de Ágora, no es que se repita, sino que se machaca al oyente con ambos.
En cualquier caso, creo que Amenábar puede estar contento con el notable trabajo que ha realizado Darío Marianelli, ofreciendo una banda sonora mucho más rica y compleja que la que podríamos haber esperado del propio director. Esperemos que Alejandro siga confiando en otros compositores para sus próximos proyectos.
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