Jueves, 4 de octubre de 2007
Katyń
Título: KATYŃ
Otro título: Post Mortem
Dirección: [Tag]Andrej Wajda[/Tag]
País: Polonia
Año: [tag]2007[/tag]
Fecha de estreno en Polonia: 21 de septiembre
Duración: 115 minutos
Género: Drama
Reparto: [Tag]Andrzej Chyra[/Tag], [Tag]Maja Ostaszewska[/Tag], Magdalena Cielecka, Krzysztof Kolberger, Paweł Małaszyński, Danuta Stenka,Maja Komorowska, Artur Żmijewski, Władysław Kowalski,Krzysztof Globisz, Agnieszka Glińska, Stanisława Celińska, Jan Englert
Guión: [Tag]Andrzej Mularczyk[/Tag]
Fotografía: [Tag]Piotr Bujnowicz[/Tag]
Música: [Tag]Krzysztofa Pendereckiego[/Tag]
Web oficial: http://www.katyn.netino.pl/
Productora: Akson Studio.
Durante la primavera de 1940 las tropas del Ejército Rojo, en el transcurso de la invasión soviética de Polonia y siguiendo órdenes de Stalin asesinaron a miles de oficiales y prisioneros de guerra polacos de manera masiva y metódica en el bosque de Katyn (cerca de Smolensk) y en prisiones del Servicio Secreto Soviético (NKVD) como las de Kharkov o Kalini.

Si bien la masacre se inició con los oficiales polacos confinados en el otoño e invierno de 1939 en el campo de prisioneros de guerra de Kozielsk habría de proseguir con otros prisioneros recluidos en los campos de Kozielsk, Starobielsk y Ostashkov así como en otras cárceles y ciudades soviéticas, hasta alcanzar una escalofriante cifra que ronda entorno a las 25.700 víctimas, entre las que se contaban no sólo oficiales sino también muchos estudiantes (oficiales de reserva), médicos y miembros de élites polacas reputadas hostiles a la ideología comunista.
Terminada la guerra la Unión Soviética negó sistemáticamente las acusaciones de este genocidio y acusó a los alemanes de los crímenes. Hubo que esperar hasta 1989 para que el Primer Ministro Mikhaïl Gorbatchev admitiera la implicación de las autoridades soviéticas en la masacre y entregara a Varsovia los documentos que así lo demuestran.

Pues bien, el veterano y laureado cineasta polaco Andrej Wajda (Suwalki, 1926), que recibió en el 2000 un Óscar honorario por el conjunto de una extraordinaria carrera que cuenta con más de 40 producciones, era hijo de uno de aquellos oficiales asesinados de un tiro de gracia en la nuca, en concreto de un capitán del 72º regimiento de infantería polaco.
Así pues, siempre comprometido y fiel a su idea de que el cine es mucho más que un simple entretenimiento y que se constituye como un vehículo excepcional para reflejar la realidad y los problemas que aquejan a la sociedad, ha querido cumplir lo que el entiende como un deber personal y rendir tributo a la memoria de todas aquellas víctimas y en particular a la de sus padres.
Y lo ha hecho con el largometraje de reciente estreno que lleva por título el mismo nombre que el bosque donde se produjeron las ejecuciones, “Katyń”, una recreación basada en historias y episodios auténticos vista no desde el lado de los oficiales sino de las mujeres, madres y hermanas que los perdieron y que pretende contar la realidad de los hechos secuestrada y enmascarada durante muchísimos años por el régimen comunista.
Pero lo que me ha llamado poderosamente la atención es la noticia al respecto con la que me he desayunado y que viene a decir algo así como que por orden del Ministerio de Defensa polaco los 130.000 soldados polacos deberán asistir en el marco de sus actividades culturales a la proyección de “Katyń” el último film de Andrej Wajda, por los valores patrióticos y morales que encarna y porque ayudará a los soldados a entender el honor que entraña servir en el ejército.
Ignoro lo que pensará el bueno de Wajda al respecto, pero personalmente y a bote pronto esta maniobra del Ministerio de Defensa me da un tufillo revanchista y patriotero que no puedo compartir y encuentro que convertir esta tragedia en un mito nacional y utilizar esta película cuya virtud principal puede ser la de esclarecer lo acaecido en aquellos funestos días de manera tendenciosa para alimentar odios y sentimientos de confrontación con sus vecinos rusos es pervertir el sentido de la memoria histórica y desde luego hace un flaco favor a una Polonia cuya máxima necesidad es cerrar heridas, recomponerse y superar fantasmas del pasado.


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