Viernes, 18 de septiembre de 2009
Crítica: Flores negras

Título: Flores negras
Director: David Carreras
Género: thriller
Duración: 108 minutos
Intérpretes: Tobias Moretti, Maximilian Schell, Marta Etura, Eduard Fernández, Maria Grazia Cucinotta
Flores negras, trailer y póster
¿Debo ir a verla? 



Buena estética y equipo actoral, pero tanta frialdad acaba pasando factura.
Flores Negras intenta un noble acercamiento a ese thriller de duro, áspero y seco de la Guerra Fría, que apostaba por el suspense y el ambiente por encima del espectáculo a cascoporro. Lástima que la tensión languidezca y el relato se alargue de forma televisiva, a pesar de la muy buena factura visual y de la correcta labor de los actores. Se trata, no obstante, de una original apuesta del cine español, que no nos tiene demasiado acostumbrados a estos escarceos con el thriller.
Precisamente ese estado de tensa paz que caracterizó ese orden mundial es lo que mejor logrado está en el film de David Carreras. Además, encuentra su perfecta representación en el Michael Roddick protagonista, espía ruso huído a Barcelona cuando se intuía la caída del Muro y el fin de su forma de vida, que Tobias Moretti incorpora con aplomo. Ahora, el pasado viene a su búsqueda y Roddick deberá volver a la acción para defender a su hija. ¿Les suena el argumento a cierta trilogía protagonizada por Matt Damon?. Llámenme obseso, que va a ser que sí, pero yo no me las quitaba de la cabeza.
Porque en su decisión de renunciar tanto a los lugares comunes tanto del tecno thriller como de un relato de acción convencional, el film trata de seguir la senda de las dos últimas de Bourne, ideadas por Paul Greengrass, tanto a un nivel estético como narrativo. Apostando por la escasez de palabras y por una fotografía fría y gris, así como una cámara nerviosa, agustiosa y exaltada, el film destaca en sus mejores momentos por conseguir con estos elementos cierta sensación de lánguida inquietud que va muy bien con los fríos parajes en los que se desarrolla la acción, una vez ésta regresa desde Barcelona a los países afectados por el Telón de Acero.
Como he dicho, hay cosas en Flores negras que están bien, pero estaría algo mejor si se hubiera inyectado algo de intensidad dramática y de acción, de ritmo -aunque fuera a través de la banda sonora, como hacían las citadas más arriba-, más que nada como necesaria válvula de escape a la calmada tensión lograda hasta entonces. El suspense se resiente pasada la mitad del metraje, y lo que en principio parecía una tensa calma al final se convierte en pura desidia, porque se pierde tanto el sentido de la amenaza que se cierne sobre el protagonista, como el factor sorpresa, la intensidad y el interés por lo que se cuenta.
Obviamente, los planos aéreos o el estallido final tan vibrante de las fenomenales El mito de Bourne y El Ultimátum de Bourne hubiera sido demasiado pedir, y además hubiera convertido Flores negras en una mera mímesis de aquellas, pero ahora mismo un poco de acción en ciertos momentos cumbre -apuntados claramente en el guión- hubiera sido la manera más directa de agilizar una narración que en sus últimos veinte minutos se estira como un chicle y se desliza hacia lo plúmbeo. Recordemos la muy apreciable The International, que también seguía esta regla, por ejemplo.
Todo esto da un poco más de pena porque el film también se beneficia de un grupo de actores bastante eficientes. Tobias Moretti da muy bien el pego como espia veterano obligado a volver a la acción, y las colaboraciones de Eduard Fernández, Maximilian Schell o Gottfried John ayudan a dar peso al relato. Lástima que el primero quede un tanto desdibujado y todo pierda fuelle según avanza. Pero no ha sido un mal intento.
En Notas de Cine | El ultimátum de Bourne | El mito de Bourne | The International

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