Domingo, 21 de diciembre de 2008
Crítica: Smoke

Personajes solitarios necesitados de contar sus historias. Esa es la base de Smoke (1994), largometraje escrito por el novelista Paul Auster y ayudado en la dirección por Wayne Wang. El que fuera ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, Auster, debutó en el cine con este drama.
La idea de Smoke surgió cuando en 1990 Auster escribió un artículo en el New York Times en el que contaba la historia de un fotógrafo que, cada día a la misma hora y en el mismo lugar lanzaba una instantánea de una tienda de tabaco situada entre la calle 3 y la octava Avenida de Brooklyn. Así, vería plasmado en fotografías el paso del tiempo.
Con ese telón de fondo varios personajes solitarios se entrecruzan con unas historias en principio inconexas teniendo como nexo de unión una tienda de cigarrillos. Entre los personajes destacan Harvey Keitel, William Hurt, Stockard Channing, Forest Whitaker o Ashley Judd; y la verdad es que, para muchos, sus interpretaciones son un manual de estilo. Smoke es una de esas películas que uno guarda para esos momentos en que necesita un respiro.

En 1995 el Festival de Berlín premió a Wayne Wang, por la dirección, y a Harvey Keitel por su grandiosa interpretación; algo después Auster también sería premiado por su grandilocuente guión con el Independent Spirit Award.
Si no conoces a Paul Auster y aún no has leído nada suyo, quizás Smoke sea la puerta que te abra el camino a su universo, al menos, a mi me sirvió. Los relatos de Auster llevados al cine de una manera excepcional. Historias personales, diálogos inteligentes y problemas cotidianos enmarcados entre las calles de Brooklyn. Anímate y déjate llevar por el humo de un cigarro de manos de Auster…

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