Martes, 18 de Agosto de 2009
Enemigos públicos, poderío Mann al rescate

Título: Enemigos Públicos
Título original: Public Enemies
Director: Michael Mann
Duración: 140 minutos
Género: thriller
Intérpretes: Johnny Depp, Christian Bale, Marion Cotillard, Stephen Dorff, Billy Crudup, Channing Tatum
Crítica: Enemigos públicos
Enemigos Públicos, trailer español
Enemigos Públicos, segundo trailer en español
Enemigos Públicos, pósters de los personajes
¿Debo ir a verla? 



Michael Mann en su salsa, como siempre: a lo suyo y perfeccionando la misma película. Y sigue gustando…
Michael Mann es un cineasta particular en el Hollywood reciente. Ha conseguido idear un sello propio dentro del género del thriller que le permite ser considerado tanto un autor, como un director lo suficientemente taquillero como para crear expectación con cada título. Enemigos públicos no suma nada nuevo, puesto que las mismas preocupaciones y estilismos vistos en las brillantes Heat o Corrupción en Miami aparecen aquí con similar intensidad y honestidad.
Y es que Mann, poeta visual que confecciona sus films poniendo tanta o más atención a lo que se ve y se oye como al texto que recitan sus actores, en realidad entrega aquí la misma película, con matices, que en las citadas ocasiones. Lo que no ocasiona ningún problema a quien esto suscribe: todas ellas, mejores o peores, son todo un placer que se degusta bien sentado y con un poco más de paciencia de lo que es habitual en el blockbuster veraniego de turno.
Mann pasa olímpicamente de retratar la época en la que las correrías de John Dillinger tuvieron lugar. O mejor dicho, nunca deja que el trasfondo en el que operan sus personajes defina sus conductas. Esta importancia a lo que hacen sus personajes es lo que convierte el cine de Mann en puro cine de acción, más que por la sucesión de excelentes explosiones o tiroteos. Es por ello que a veces puede resultar un tanto distante. Porque lo que al director de Hunter le interesa sobre todo lo demás, son los personajes dominados por un concepto de la masculinidad, de la ética y el trabajo –como actividad que dignifica, incluso aunque sea cierta modalidad de crimen- que trasciende épocas y lugares. Todo lo demás, incluído el magnífico diseño de producción, simplemente ocupa su lugar de manera orgánica en la historia, sin ostentaciones.
Enemigos públicos es la exploración de la psique del último delincuente honrado –¿es esto posible?-, que es el máximo y torturado exponente de ese universo. Es, a su vez, la plataforma de Mann para impulsar una historia que huye de moralismos (pese a que el director prefiere, sin dudarlo, los atracos artesanales y kamikazes de Dillinger a las refinadas formas de estafa que le suceden) y que incluso pasa de puntillas por el romance y el enfrentamiento de éste con las fuerzas del orden.
Billie Frechette, el interés amoroso del film, -intepretada por una extraordinaria Marion Cotillard-, puede parecer un personaje accesorio en la trama, pero resulta extraordinariamente valioso. Es a través del personaje de ella por el cual Dillinger se define como hombre -algo extraordinariamente importante para Mann-, y su contrapunto ayuda a rematar algunos de los mejores momentos de la cinta. Ahí está la intensa escena del maltrato a la joven en dependencias policiales, y su genial resolución una vez entra en escena Christian Bale (ese plano sacándola en brazos…) y que muestra la inusitada sensibilidad de Mann, cineasta de la testosterona por excelencia, acerca del maltrato a la mujer. El cara a cara final de ésta con Stephen Lang –otro que está fenomenal, pese a salir poco- es también uno de los momentos más bellos del cine que he visto este año.
En este estado, quizá el enfrentamiento de Dillinger con el agente Purvis quede un tanto desdibujado según va avanzando la película. El perjudicado es el propio Christian Bale, que cede con diligencia el protagonismo a Depp aún a costa de su propio personaje: tanto éste como el actor daban para más. Pero todavía nos queda lo extraordinariamente bien que Mann rueda y monta todo -como en la escena de Dillinger “colándose” en una comisaría, o cuando su foto es proyectada en un cine-, y lo bien que escoge la música. Todo junto convierte Enemigos públicos en un film, sino redondo, muy satisfactorio.
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