Martes, 11 de noviembre de 2008
Crítica: 007. Licencia para matar (1989)

Licencia para matar fue dirigida por John Glen en 1989, con Timothy Dalton como James Bond. Probablemente, si el lector no es demasiado amigo de la saga de 007 o, simplemente, responde a los a veces injustos designios de la corriente popular, pensará en Timothy Dalton como el peor Bond de la historia. Grave error, diría Jack Slater. Los dos films protagonizados por Dalton -demasiado serio, algo apagado, absolutamente profesional- fueron, no obstante, dos títulos como mínimo eficaces, y que en ningún momento desmerecen. Particularmente, un servidor tiene devoción por el segundo de ellos, Licencia para matar, probablemente el único fracaso comercial de la saga, y a la vez uno de los títulos más diferenciables de toda ella.
La razón es la voluntad de Albert R. Broccoli de actualizar la misma, acusada ya de cierto cansancio tras la excesiva prolongación de Roger Moore como protagonista. Los modos menos humorísticos de Dalton daban pie a dibujar a un 007 más debedor del legado literario de Fleming. Y sobre todo, el acercamiento a éxitos de acción como Jungla de cristal y Arma Letal, que en esos mismos años rediseñaron el panorama del espectáculo pirotécnico, y que habían llegado para quedarse. De ese modo, Licencia para matar se apunta, aún antes que Quantum of Solace, a la trama de venganza personal del agente secreto por la tragedia ocasionada por el villano en la boda de su mejor amigo Felix Leiter. Y lo hace con el que, probablemente, es el film más violento de la serie.
Pero en Licencia para matar no faltan los elementos habituales de la fórmula: escenarios caribeños y exóticos, humor, acción, inventos y chicas. Lo que ocurre es que se añadieron al cóctel otros pertenecientes a las aventuras policiacas que Bruce Willis o Mel Gibson se corrían en esos momentos. De ese modo, encontramos a un Bond actuando fuera de los dictados del MI6, buscando venganza contra un barón de la droga en Hispanoamérica, Franz Sánchez. Robert Davi, actor nacido para interpretar villanos en films de acción y terror de la época, compone aquí un sádico malvado a la altura, y perfectamente integrado en este nuevo tono relativamente más sucio y tenebroso.
La trama presenta por ello un tono más contemporáneo y se aleja de organizaciones maléficas, inventos fantásticos y planes rocambolescos propios de Moore y Connery. Sánchez carece de la sofisticación de Blofeld u otros villanos, y es amigo de los métodos de tortura más sanguinarios. Es por ello que Licencia para matar contiene algunos de los instantes más sádicos de la historia de 007: desde piernas deboradas por escualos hasta la cabeza de un traidor secuaz estallando dentro de una cámara de descompresión, por no hablar de la trágica muerte de un entrañable y orondo aliado de Bond, interpretado por el entrañable y orondo Frank McRae.

Benicio del Toro se presenta como uno de los secuaces más macarras y peligrosos de toda la serie. Su muerte, cortado en pedacitos en la fábrica de tratamiento de droga, también entronca con esta nueva cara violenta del héroe. Carey Lowell está bien como aliada e interés amoroso de 007 y su personaje no está mal dibujado, pese a ciertos infantilismos. No así Talisa Soto, que carece de peso aunque su personaje otorgue una necesaria ambigüedad al icono de la chica Bond.
Y aquí entra John Glen, director de algunas de las peores muestras de la saga, y también de un par de las mejores, Sólo para sus ojos y la que aquí nos ocupa. Su labor es correcta cuando menos, y destaca sobremanera en el desenlace. La persecución de camiones que ocupa los últimos veinte minutos de la película sólo puede ser calificada de histórica. Compuesta y diseñada para alargarse en el tiempo y saturar -a la antígua- al espectador, su montaje y puesta en escena son una labor de artesanía fílmica de una belleza y profesionalidad a reivindicar. Con ecos a la análoga de En busca del arca perdida, Licencia para matar tiene una de las mejores conclusiones que un thriller de acción de los 80 puede permitirse.
Aquí va otro broche ochentero: el malogrado Michael Kamen, que otorgó a la saga Arma Letal y Jungla de cristal su característico estilo musical, no parece el más apropiado para diseñar el acompañamiento más romántico y hedonista de un Bond. Pero visto con distancia, su labor ayuda a contextualizar Licencia para matar como el Bond con sabor más ochentero posible. Y eso ahora nos gusta. Por otro lado, las dos canciones que abren y cierran el film, Licence to Kill y If you asked me, de Gladys Knight y Diane Warren, respectivamente, me parecen excelentes.
Lo dicho, un Bond a recuperar y reivindicar desde ya mismo. Pese a algunas fallas de guión (la innecesaria presencia de Q, la presencia del predicador interpretado por Wayne Newton, el errático movimiento de tratar de hacer de Bond algo que no es), el film me resulta absolutamente sólido, coherente y actual. Simplemente, una espléndida película de acción.

Comentarios
13 de noviembre de 2008 - 9:29 pm
Definitiva yo estoy contigo… Licencia para Matar es para mi gusto la mejor de esta serie, cabe mencionarles que me gusto bastante Die Another Day y algunas de las clasicas de Sean y Roger… Sin embargo Timothy Dalton a mi gusto fue un Bond diferente con una carisma mas real y no con el estigma de un superheroe que no se despeina, ademas mostro que Bond tambien sufre… para mi the living daylights y estas deben ser consideradas de culto…
13 de noviembre de 2008 - 10:14 pm
Gracias Roger, me siento menos solo en esto ahora… ya que casi nadie valora esas dos películas como debiera. Licencia para matar me gusta cada vez más, y Dalton fue un buen Bond, le faltó tirón comercial, supongo, pero es un buen actor, y supo enfocar bien el papel. Las películas le acompañaron, sobre todo precisamente la segunda… se mereció mejor suerte, la verdad.
5 de diciembre de 2008 - 6:43 pm
Juanma, para mi también ha sido Timothy Dalton uno de los mejores en interpretar al personaje de Fleming. Su interpretación natural y apropiada al ser descrito en las novelas originales no pudo ser más convincente. Quienes no lo aprueban pasan por haber sido inducidos por un tipo de cine glamouroso que se centraba en la parafernalia del encanto. Siempre he destacado “Sin licencia para matar” (así se estrenó en mi país) como una de las mejores, si no la mejor hasta ahora, de la serie, amén del gran Bond que interpreta Daniel Craig; ahora sí, rubio y visceral como le describiera Ian Fleming… Ahora que he visto “Cuota de Consuelo” no podría reiterarme más en mi parecer respecto a Dalton, la última película bebe de esta fuente y eso es más que suficiente para destacarla.