Lunes, 29 de septiembre de 2008
Crítica: Dream

Título original: Bi-Mong
Dirección: KIm Ki-Duk
Interpretación: Jo Odagiri, Na-Yeong Lee
Guión: Kim Ki-Duk
Productora: Kim Ki-Duk Films
¿Debo ir a verla? 



Sólo para devotos del cineasta y lo de los amores extremedamente autocomplacientes.
En varios fotogramas de las películas de Kim Ki-Duk sus personajes tallan sobre piedras palabras que los acabaran definiendo, generalmente esta misma escritura termina por volverse sobre el propio cuerpo en una automutilación que expresa la tortura a la que se han sometido. En el caso de Dream, donde el protagonista se martillea para evitar la llegada del sueño, esta flagelación tiene sentido precisamente porque se demostrará su futilidad una vez que la (anti)materia del sueño se haya hecho presente, es decir, una vez que el mundo de lo onírico nos redima de cualquier sufrimiento mediante su camino imposible.
Con Dream Kim Ki-Duk ha mostrado el último recorrido que le quedaba a sus amores torturados y extremos, también pecaminosos, por andar: el de el sueño, como fuga de la pesadilla de la vigilia. Lo hace a través de una pose paradójica, mientras un amante duerme, el otro vive lo que este sueña. En este último trabajo del surcoreano ocurre lo que en muchas de sus cintas, aunque aquí en exceso, no sólo pululan las mismas pulsiones por sus historias, sino que casi se reconocen las mismas imágenes, como ecos de una larguísima filmografía que versa sobre el sufrimiento del amor. Si algo se le da bien al director de La isla es precisamente encontrar belleza en las múltiples, y bizarras, maneras de querer que hay en el mundo, aunque siempre se coloquen estas a un paso de lo sórdido, acentuado en el caso de su último trabajo de manera innecesaria.
Dream tiene algo de película límite, no tanto porque sea la más dura del cineasta, sino porque está a un paso de caer en lo ridículo, pues empieza a hacer estilo de los rasgos de su cine, algo que conlleva el peligro de acercarnos a la definición de parodia. Sin embargo, pese a estos defectos, este colaborador que siente verdadera pasión por la poética del cineasta, y aun reconociendo que es una película sólo para convencidos, ve en ella también una virtud innegable, Kim Ki-Duk después de mostrar todos los espacios posibles de salvación para sus personajes (el agua, el aire) ha tenido que reconocer que el sueño es el único lugar posible donde estos lograrán ser felices.
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Comentarios
1 de octubre de 2008 - 8:59 pm
Estoy de acuerdo con tu crítica. Me ha gustado tu crítica. Estas frases escasean en el valor que les da a mi opion, pero bueno, en cierto modo es asi de simple, aunque suenen a fan.
He escuchado malas criticas en la radio, y al salir del cine tambien, y gusta sentirse corroborada en las teorias.
Acusaban de fantasmada esta película y que kim ki duk se habia alejado de sus primeras peliculas o de su esencia, supongo que por un final subrealista, menos sutil que de costumbre en sus peliculas, sin embargo habla de sueños y no se puede y si se puede, ir a ver una pelicula de sueños esperando que no se escape y bien que roce lo absurdo dentro de su propia poesia, en este caso.
Resumen:
soy una convencida.