Miércoles, 15 de Julio de 2009
Brüno: la importancia del bufón

Título original: Brüno
Director: Larry Charles
Género: comedia
Duración: 85 minutos
Intérpretes: Sacha Baron Cohen, Gustaf Hammarsten
Crítica: Brüno
Brüno, tráiler en español
Póster de Brüno, con Sacha Baron Cohen
Brüno, tráiler
¿Debo ir a verla? 



Si no existiera alguien como Sacha Baron Cohen, capaz de coger cualquier cosa y desacralizarla hasta convertirla en algo gracioso, habría que inventarlo.
La figura del bufón siempre encuentra alguna manera de reencarnarse para sobrevivir al paso del tiempo. Como el arte y el propio cine, lo bufonesco evoluciona, aunque sin perder su esencia: burlarse de la sociedad y de sus costumbres, sin dejar títere con cabeza. El actor británico Sacha Baron Cohen se erigió en la figura más representativa en la actualidad de este tipo de humor con la espléndida Borat, y ahora retoma la misma senda de la desacralización del mundo que le rodea con Brüno.
En realidad, las diferencias entre el relato de las desventuras del reportero de Kazajstán y las de su homólogo austríaco son más bien escasas. La narración se articula de la misma manera, adoptando la forma de un documental, sin que esté muy claro el límite entre lo que está extraído directamente de la realidad y lo que ha sido previamente manufacturado. La sucesión de estos fogonazos de realidad verdadera o supuesta (tanto da), es el esqueleto que nos permite seguir las andanzas del personaje y de su compañero. Esta construcción se repite sistemáticamente en ambas películas, por lo que Brüno podría considerarse casi una suerte de secuela de Borat, a pesar de las aparentes diferencias entre ambos personajes.
Lo que brilla en el fondo del cine que formula Baron Cohen con la ayuda del realizador Larry Charles, es la sensación e una libertad absoluta, que no se limita a la apariencia, para mofarse de todo. Aunque son los entresijos de los famosos en este caso el objetivo principal, también el racismo, la discriminación sexual o incluso el conflicto de entre Israel y Palestina tienen su hueco en esta suerte de juicio público desbocado. El mundo necesita de películas como esta para mirarse a sí mismo y reírse, como de hecho son capaces de hacer las superestrellas del pop que al final ejecutan la hilarante Dove of peace.
En su condición de destroyer absoluto (que en este momento también tienen el mucho más manipulador Michael Moore o las mentes creadoras de South Park), Baron Cohen despliega su sabiduría sin dejar de lado los momentos de comicidad, algunos decididamente escandalosos. Cuando muestra las prácticas sexuales de Brüno con su novio pigmeo, o el momento en que el protagonista realiza una felación a uno de los fallecidos miembros de Milli Vanilli en presencia de un médium, el film alcanza cotas de humor salvaje pero que se agradecen ante tanta mojigatería y medias tintas. Tal vez Brüno ya no sorprenda como lo hizo Borat, y no es menos cierto que está un par de puntos por debajo, pero también se debe reconocer que hace reír con ganas, y pocas cosas hay más sanas que esa.
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